mar. Sep 21st, 2021

Por Pedro García

Como país atrasado, a México no le faltan penas y sobresaltos, algunos funestos como los saldos de los terremotos o lo más reciente, las muertes en una toma de gasolina en ductos de PEMEX, convertida en un auténtico infierno.

Se siguen perdiendo vidas de personas jóvenes o maduras en edad de trabajar y producir por su adhesión a actividades riesgosas y al margen de la ley, según por falta de oportunidades.

Fue sorprendente el tumulto congregado en torno a una fuga de gasolina en Tlahuelilpan, Hidalgo, en donde las videograbaciones presentaron imágenes reveladoras de otro delito cautivador de las masas presuntamente socialmente marginadas, como es el tristemente “huachicol”, desatado ya en todo el territorio.

Contra todo pronóstico, Nuevo León ya está enmarcado en esa práctica, además de la red de lavado del producto del robo de combustibles.

Mientras el naciente gobierno de López Obrador intenta recuperar la soberanía petrolera mediante el aumento de la producción de crudo, al “otro extremo del ducto” le propician mermas a través de la ordeña.

Apenas se tapona una fuga provocada, al día siguiente se abre otra y es un problema de nunca acabar.

La opinión pública está en shock por el nuevo delito de moda, pero su novedad es relativa ya que es un negocio que está bien estructurado y apoyado por amplia base social en determinadas comunidades, según se ha divulgado.

Donde no imaginábamos de la existencia del robo de gasolinas, resulta que la ordeña de los ductos era un secreto a voces, caso Nuevo León donde, además,

se creó un sistema financiero para el lavado del producto de dicho delito.

Da la impresión de que en México ya no tiene sentido existencial buscar un trabajo y devengar un salario en actividades lícitas.

También es difícil imaginar que en muchas familias haya una rutina admitida de esperar el llamado para ir a huachicolear.

Aunque tampoco debe descartarse el resentimiento social de las nuevas generaciones que en las redes sociales se informan de la opulencia de los políticos que tienen asegurado el futuro de sus familias, de por vida, riqueza amasada en cargos cuyo ingreso no cuadra con los enormes caudales de que disponen.

Lo anterior, mientras las comunidades se baten en la marginación y la escasez del ingreso y de la base alimenticia, situación que los gobiernos han simulado atenuar o remediar con dádivas que no resuelven el fondo de la postración económica en que se encuentran millones de mexicanos.

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