dom. Sep 26th, 2021

El 30 de mayo de 1946, en el Parque Delta, ante más de 18 mil aficionados en la Ciudad de México, vieron despedirse del béisbol al  Bambino  George Herman, “Babe” Ruth, con un descomunal batazo por arriba de la barda del jardín derecho ante el alarido de la multitud.

Ese día hubo localidades agotadas, y era lógico, se despedía el máximo jonronero de las Grande Ligas que había nacido un seis de febrero de 1895.

Su enorme batazo no fue uno de los 714 que dio en la gran carpa, pues hubo motivos para ello: primero, que no era un juego oficial de las Grandes ligas y segundo, no era un juego formal sino una exhibición de bateo, de lo que quedaba del poder de Ruth.

Según Huffpost, el magnate beisbolero Jorge Pasquel fue quien trajo a México a Ruth y el empresario mexicano busca todas las formas para poner en alto la pelota mexicana y que compitiera o al menos tuviera un gran nivel.

De esta forma, entre sus grandes ideas, fue la de traer a Ruth a México, el cual se había retirado en 1935 hacia once años atrás.

Cuando llegó a México tenía 51 años de edad y aparentemente gozaba de buena salud. No presentaba ningún síntoma del cáncer en la garganta que acabó con su vida 27 meses después, la tarde del 15 de agosto de 1948-

Antes de que comenzara la serie entre Azules de Veracruz y Diablos Rojos de México, Pasquel le pidió que diera una exhibición de bateo pues creía que podía poner un batazo del otro lado de la barda si le pasaban la bola.

En principio se quejó de que las bardas estaban muy lejos, pero luego le explicaron que, por la altura de la ciudad de México, la pelota caminaba bastante.

Cuando saltó al terreno de juego la afición lo recibió con una enorme ovación como nunca se había visto en la historia del Delta. Ruth y Pasquel se pasearon por el terreno, por el diamante de un lado a otro de las tribunas principales.

El problema fue cuando Pasquel pidió a Ramón Bragaña, de los Azules de Veracruz que le lanzara como si fuera una práctica de bateo, pero el cubano se quiso lucir ante el veterano Ruth y comenzó a tirar rectas a mayor velocidad que no bateaba pues hacía más de una década que no bateaba nada.

Pasquel enojado quitó a Bragaña y puso a Alberto Romo con instrucciones precisas de lo que debería hacer. Entonces, el viejo Ruth se vio feliz, al igual que los más de 18 mil aficionados que delirantes, gritaban y aullaban al ver salir la pelota, sobre todo un batazo que salió más de tres metros arriba de las bardas del jardín derecho.

Esa misma tarde, Pasquel dio por terminado el contrato con Ramón Bragaña y lo mandó de regreso a La Habana, adolorido y sin trabajo.

Por Admin

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