lun. Sep 20th, 2021

Por Pedro García

El ex secretario de Economía, Ildefonso Guajardo le ha suministrado resucitación artificial al PRI de Nuevo León, derivado de lo cual ese partido comienza a dar señales de vida en la mejor de sus formas: con el rompimiento de los viejos odres para tratar de servirse las posibilidades sucesorias en odres nuevos.

Desde el desastre electoral presidencial y desde la anterior elección de gobernador, el PRI era un “zombie”. Ildefonso ha puesto al partido en el debate local, lo cual ya es ganancia.

Antes del pronunciamiento del también ex diputado coordinador en el congreso local, el tricolor andaba como en tardeadas infantiles, nada serio para una sociedad nuevoleonesa madura, políticamente desarrollada.

Querer es poder, y esa suerte se la ha echado a cuestas Ildefonso Guajardo para quien –según manifestó- sería un privilegio llegar a ser gobernador de Nuevo León, por el PRI.

Pero como es un político profesional, es decir, que sabe cuándo son los tiempos precisos para comer una fruta, advierte que aún falta el avance de los calendarios que ordenan los momentos para arrojarse al mar abierto.

Por otro lado, y al más puro estilo del PRI anquilosado, al que han detestado los electores, Ildefonso ha encontrado el rechazo por el sólo hecho de externar sus anhelos personales.

Priistas se van contra Guajardo por destaparse para la gubernatura de Nuevo León, fue el encabezado del portal “La Silla Rota” a la nota enviada a la Ciudad de México por el corresponsal David Casas, despacho en el que la publicación agrega:

Pedro Pablo Treviño reconoció al exsecretario de Economía, pero le pidió esperar, pues hay otros cuadros importantes que tienen aspiraciones, resumió La Silla Rota.

En otras palabras, el dirigente del partido pretende atajar a Guajardo y someterlo a tiempos políticos que ya nadie respeta, en ninguno de los partidos. Es más, la frase clásica: “no hay que mover las manecillas del reloj político”, quedó en una anécdota. Ahora se trata de tener arrojo y manifestar lo que se quiere.

La sociedad misma desprecia a los pusilánimes y premia al que se atreve. Mientras tanto, Ildefonso Guajardo ya tiene el mérito de haber resucitado a un zombie y recordar a la opinión pública de la existencia del PRI, del cual casi nadie daba razón en estos tiempos de preeminencia política y los dictados desde el ombligo del mundo: la Ciudad de México.

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