jue. Dic 8th, 2022

Una crónica de: Francisco J. Peña Medina

De pronto, unos fuertes toquidos azotaron la puerta de mi recámara. Son las seis de la mañana y me despierto sobresaltado a ver que sucede. Lo primero que imaginé, fue que tras el umbral del cuarto me acechaba un mal presagio.

Al salir de la habitación, observo la figura petrificada del ex boxeador profesional Jesús Godoy Alvarado, escolta personal de Praxedis Fraustro Esquivel, líder nacional del Sindicato Ferrocarrilero y diputado local por Nuevo León.

_. ¡Paco mataron al ‘Negro!_me soltó a bocajarro mientras estrellaba sus puños en uno de los muros del departamento de un quinto piso del edificio donde viví por más de cinco años en el centro de Monterrey.

_. Cálmate cabrón, ¿andas borracho o qué Godoy?._le pregunté incrédulo y confundido.

Exaltado, con los ojos inyectados de rabia, angustiado y convulsivo respondió:

_. ¡Es en serio lo asesinaron en el hotel Pontevedra!, lo encontraron muerto en el estacionamiento, vengo con el ‘Toro’ (Héctor, hijo de Praxedis) me está esperando abajo en el carro’._me dijo y sé quebró. No pudo mas y estalló en llanto.

Me pidió que me alistará para salir urgente a la ciudad de México. Él estaba imposibilitado a viajar por causa de una lesión en un tobillo, que le provocaron unos aficionados días atrás, durante una riña en el estadio Azteca.

Le suplique entonces que me dejara un momento a solas. Necesitaba asimilar el trago amargo de la fatal noticia.

De pronto sentí una extraña desolación que me dejó sin aliento. La muerte de Praxedis significaba para mi perder un amigo leal, a un hermano. Un ser humano bondadoso.

Con su ausencia fuimos muriendo también un poquito cada día los que lo quisimos y atesoramos de él un cúmulo de anécdotas y recuerdos en nuestra vida.

Esa mañana abordé junto a doña Micaela González su esposa y Héctor Fraustro el “Torito”, un avión de Aeromexico rumbo a la capital del país.

Ya estaban allá sus otros tres hijos: Mary, Erika y Enrique quienes planeaban acompañar a su padre al 84 Aniversario de la Nacionalización de los Ferrocarriles en México

A la ceremonia asistiría el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari. Personaje de no grata memoria que impulsó desde su gobierno la privatización de la paraestatal, que consumaria en 1996, Ernesto Zedillo su sucesor. Que ironía.

Fue el sábado 17 de julio de 1993 cuando la tragedia tocó a mi puerta.

La pesadilla apenas comenzaba.


La noche del viernes 16 de julio de 1993, a escasas cuatro horas del cruel asesinato, hablé con Praxedis desde su casa de la colonia San José en Monterrey.

Fue doña Mica, su gentil esposa quién me lo puso al teléfono.

Don Paco es Praxedis quiere hablar con usted. me dijo, ajena a los negros nubarrones que se cernían sobre el horizonte.

_.¿Cómo estás Paco, qué tal te fue con el asunto de Rogelio Montemayor?, me preguntó ansioso del otro lado de la línea.

La víspera, el líder me encargó coordinar la compra de miles de camisetas y gorras que el sindicato ferrocarrilero enviaría en apoyo a la campaña del candidato del PRI a la gubernatura de Coahuila.

—- Muy bien—le dije—me quite de encima al intermediario y conseguí directamente con el fabricante un 20 por ciento más de camisetas y gorras, el precio incluye el estampado del promocional de la campaña.

—- ¡A toda madre!, a mí también me fue bien, le cante sus verdades al pinche Víctor Flores, le advertí que si no le pagaba al sindicato lo que le debe lo iba a meter al bote al hijo de la chingada._me respondió con voz firme y un tanto irritado.

Ese día Praxedis había tenido una comida con los miembros de su Comité Ejecutivo, previo al evento que sostendría el sábado 17 de julio para celebrar la nacionalización ferroviaria en México.

En aquella reunión se encontraba Víctor Flores Morales, entonces Tesorero del gremio y acérrimo enemigo del líder.

Después me enteré por mis secretarias de la oficina de prensa, que el enfrentamiento verbal había sido tenso.

“¡No te tengo miedo cabrón!, voy a estar en el hotel Pontevedra por si algo se te ofrece”, me platicaron, retó “El Negro” a Flores Morales quien manso el hombrecillo, solo atinó a agachar la cabeza.

Recuerdo que durante la conversación telefónica le pregunté a Praxedis que si quería lo podía alcanzar en el Distrito Federal, al fin y al cabo contaba con boletos de avión con reservación abierta y se estilaban en esas fechas los vuelos “tecolotes”, que despegaban entrada la noche de Monterrey.

_.No hay necesidad, el Presidente Salinas trae su pool de prensa, mejor cómprame carne para asarla en la casa, cerveza y una botella de whisky y vayan por mí al aeropuerto, yo te aviso a que horas llego._me comentó a modo de despedida.

Nunca llegó y esas fueron las últimas palabras que le escuché.

El desenlace fatal estaba por suceder.


Es la madrugada del sábado 17 de julio de 1993. El verano presagia tragedia.

Ocultos en la penumbra del estacionamiento del Hotel Pontevedra en la ciudad de México, dos pistoleros esperan expectantes a su víctima como bestias sedientas de sangre.

Minutos después, un Marquis color vino que conducia el diputado Praxedis Fraustro Esquivel se desliza suavemente y se introduce al interior de la estancia donde ya lo estaban acechando.

Tras descender del vehículo, el líder ferrocarrilero es acribillado de dos certeros balazos, uno le estalló en la nuca y el otro en la espalda. Los verdugos no se atrevieron a matarlo de frente, a mirarlo a la cara los muy cobardes.

Su muerte ha dejado una estela de dudas y sospechas en el gremio del riel y en los intrincados laberintos de la política nacional.

A saber, dos son las rutas que convergen en el móvil del homicidio que los corruptos aparatos de justicia no han tenido la voluntad de investigar a fondo y castigar a los culpables del homicidio.

Una ruta tiene su troncal en los Pinos y se empieza a construir a la mitad del sexenio de Carlos Salinas de Gortari. Desde ahí se da la conspiración encabezada por el fallecido Andrés Caso Lombardo, Secretario de Comunicaciones y Transportes del salinato.

El funcionario federal al que el presidente apreciaba tanto al grado de llamarlo “Tío”, intriga con Salinas en contra del líder sindical, férreo opositor a la privatización de los ferrocarriles y con quién mantenía una rispida relación por esa misma causa y otras más personales.

De hecho, en la participación que tendría en la explanada de Buenavista el sábado con motivo de la expropiación ferroviaria, ceremonia a la que asistiría Salinas de Gortari, Praxedis haría un fuerte pronunciamiento.

En las líneas discursivas contemplaba una frase en la que expresaría, en franco desafío al sistema y frente al presidente de la República lo siguiente:

«Estoy dispuesto a dar mi vida y ofrendar mi sangre si es necesario, antes de ver otra vez los ferrocarriles en manos extranjeras».

Lo sé, porque como su jefe de prensa me correspondió elaborar el discurso, el cual envié para su revisión dos dias antes del evento via fax a Efrain García Torres, su Secretario Particular.

Así Efrain, tuvo acceso directo antes que Praxedis al documento.

Más tarde se especuló que García Torres habría filtrado información sobre el contenido del discurso a altos directivos de Ferrocarriles Nacionales de México, con los que tenía amistad.

Días después del asesinato de Praxedis detuvieron a Efrain junto con el maquinista Vicente Valencia Saavedra y fueron recluidos en el Reclusorio Preventivo Norte acusados por la PGR de estar involucrados en el crimen.

Un año después saldrían libres por falta de pruebas. Para muchos fueron solo “chivos expiatorios” en el despliegue de una cortina de humo en torno al crimen, a fin de bajarle presión a las lentas y amañadas investigaciones sobre el caso.

La otra ruta parte del tenebroso grupo «Héroe de Nacozari» cuyas cabezas visibles siguen siendo los veracruzanos Jorge Peralta Vargas al que El Negro le infringio una vergonzosa derrota en la lucha por la dirigencia nacional del sindicato y Víctor Flores Morales el actual Secretario General, rival frontal de Praxedis y principal beneficiario de su muerte.

Ambos periplos confluyen en un punto: el asesinato y se entremezclan en una complicidad siniestra.

Todo para callar una voz crítica, incómoda y discordante, la de Praxedis Fraustro Esquivel que nunca fue dócil a sus sucios intereses y siempre se opuso a que las ambiciones de poder y riqueza fragmentaran los derechos y el bienestar de los ferrocarrileros.

Salvado por la vía sangrienta el obstáculo que representaba Praxedis Fraustro Esquivel en sus fines perversos, este par de gagnsters y esquiroles del sindicalismo iniciaron, en contubernio con Caso Lombardo, las maniobras para tomar por asalto el Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana.

Para esto, imponen como dirigente interino a Antonio Castellanos Tovar, un anciano decrépito impedido por estatutos en ocupar el cargo por su condición de jubilado.

Eso era lo de menos, la impunidad del gobierno salinista arropaba a Peralta Vargas y a Flores Morales. Necesitaban una marioneta que les permitiera moverle los hilos a su antojo.

Dos años después, en 1995, irrumpe en la dirigencia nacional: Víctor Félix Flores Morales. Un personaje patético. Prieto, flaco, chaparro, de barba rala y ojos de serpiente, que en su juventud enseñaba clases de vals a las quinceañeras en su natal Veracruz.

A su su arribo, ya instalado en el poder el presidente Ernesto Zedillo, el “hombrecillo” inicia en contubernio con su gobierno, el desmantelamiento de la fuerza laboral sindicalizada a través del ventajoso Programa de Retiro Voluntario a fin de dejar la “mesa servida” al proceso privatizador de FERRONALES.

Cuentan que Flores Morales solía aparecerse en las fuentes de trabajo acompañado de un achichincle que le cargaba un portafolio y a su paso ordenaba: “dale 15 mil más», dale 20 mil” más», para que se jubilaran con la promesa de reinstalarlos después. Nunca cumplió.

En 1996 su servilismo le fue recompensado con elogios, pero también con carretadas de billetes. A punto de concretar el decreto de privatización Zedillo acudió un 7 de noviembre a los festejos del Día del Ferrocarrilero que organizó el sindicato y se refirió así a Víctor Flores, seguramente por su entreguismo y deslealtad a la clase obrera.

_.Agradezco en especial al liderazgo firme, combativo y comprometido con las mejores causas de México y de su gremio, ¡el compañero, Víctor Flores”, fue la frase emocionada del mandatario para su bufón.

Pocos meses después, Zedillo anunció la privatización de FNM. En forma paulatina, en un proceso que aún no concluye, el Estado empezó a retirarse de la operación de la empresa creada por Porfirio Díaz en 1910 y escenario de una de las huelgas de comunistas más emblemáticas, la de Demetrio Vallejo en 1959.

Paradojas del destino, aquel maestro de baile, que en 1974 inicio en el oficio de guardacruceros, cambiando los destinos de los trenes en su natal Veracruz, se prestó a dar los cambios de señales en el proceso de privatización.

Sin duda 1996 fue un año de bonanza y abundancia para Flores Morales. Las penurias quedaron atrás. Los recuerdos de la infancia y juventud viviendo en un tejaban de paredes de madera y techo de lámina en la calle Guerrero 1140 en la colonia Centro del puerto jarocho se diluyeron.

También quedó en el olvido el departamento pintarajeado de graffiti del populoso barrio de la Guerrero del DF donde vivió como un paria.

_.En esa época, Flores estaba jodido”._abona un ferrocarrilero jubilado, avecinado en esa colonia.

“No se cambiaba de ropa. Siempre con una gabardina vieja, hiciera calor o frío. Le llegaba hasta los pies, casi la arrastraba. Él se veía más chaparro, con el perdón.

Pero eso es historia. De pronto, por obra y gracia de los gobiernos en turno, a los que sirve de vil cortesano y a costa de sangrar el patrimonio de los ferrocarrileros este depredador del sindicalismo mexicano vive como jeque árabe.

Es común verlo ahora cerrando negocios en el exclusivo restaurante Angus de la Zona Rosa, pagando en una sentada cuentas de hasta cien mil pesos, paseándose por las calles de la capital en lujosos BMW, ornamentado su diminuta humanidad con joyas caras, acompañado de un séquito de guaruras y “remodelandole las nalgas a sus amigas”.

Una burla para los trabajadores del riel a quienes ha esquilmado y traicionado, que sufren las de Caín para mantener y sacar adelante a sus familias.

Para el récord Guinness, Flores Morales acumula más de 14 mil demandas judiciales en la Procuraduría General de la República.

Está acusado del saqueo del fideicomiso para la jubilación en el proceso de privatización de Ferrocarriles Nacionales de México entre 1995 y 1996, la ficticia venta de casas del Infonavit en Azcapotzalco y Tlalnepantla en 2001, y el fraude a pensionados de Benjamín Hill, Sonora en 2006, entre otras triquiñuelas.

En cada historia hay dinero. Más de 700 millones de pesos, si se sigue el rastro que dejan las denuncias.

A todo esto se suma que sobre sus espaldas recae ser señalado ante la justicia como autor intelectual del asesinato de Praxedis Fraustro Esquivel hace más de un cuarto de Siglo.

Pero hasta el momento, para este octogenario, ejemplo de lo más acabado de la corrupción del sindicalismo charro que nos dejó el priismo, no hay espada ni balanza que lo someta al imperio de la ley.

“De manera increíble goza de una impunidad insultante. Un oscuro arreglo, que ahora se ve muy claro, debieron haber realizado el Dr. Ernesto Zedillo, el Lic. Vicente Fox y Enrique Peña Nieto para que este pequeño hombrecillo altanero se burle de la justicia y del pueblo de México» cita el periodista Fernando Miranda Servin en su libro Un Asesino en el Sindicato.

La muerte de Praxedis caló hondo entre quienes estuvimos a su lado los últimos días.

Porque fue un hombre bueno, que honraba la amistad y la palabra.

Un tipo alegre de eterna sonrisa, ocurrente y sencillo, pero que finalmente sucumbió bajo las garras de un sistema corrupto e insensible al que desafío oponiéndose a la amañada privatización de los ferrocarriles.

En cifras, su vida costó más de 4 mil millones de dólares.

Tras su partida me consta, fue largo el peregrinar de su familia al Distrito Federal, en busca voy una entrevista con el, en aquel tiempo, procurador capitalino Diego Valadez, a fin de exigir el esclarecimiento del caso, incluso en una acción desesperada un grupo de amigos acudimos a la revista Proceso para contar nuestra verdad sobre los acontecimientos.

Todo fue en vano, el crimen sigue impune a 26 años de distancia.

Mientras tanto, en el Panteón de El Roble en Monterrey una tumba guarda los restos de un líder que no debió morir así y que clama justicia desde el sepulcro.

Y en el otro extremo de esta infamia, amparado en la complicidad del gobierno, un asesino sigue suelto en el sindicato, amasando fortuna y desprestigiando al otrora combativo gremio de los ferrocarrileros.

Por Admin

2 comentarios en «Praxedis, a 26 años de su asesinato; la Historia detrás del crímen»
  1. En la época de Salinas de Gortari no nada más a Praxedis, también a la Quina y a todo aquel que se le atravesara, incluyendo al candidato a la presidencia después de esa semana en la que nos sentamos a platicar con el, Luis Donaldo Colosio Murrieta, Mario Ruiz Massieu,el diputado desaparecido, acuérdate que el proyecto de Carlos Salinas de Gortari era privatizar todas las paraestatales, de hecho una de ellas se la regaló a su operador financiero, Carlos Slim.

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