Teresa Servín López, un ícono en la familia Serna Servín

*En su honor, las Asociaciones Vecinales llevan su nombre

*Reconocida en el barrio y las colonias por su cercanía con las vecinas

Las Asociaciones Vecinales, la organización ciudadana que en dos años está arraigada entre la gente por su labor social y por ser un puente con la autoridad, lleva el nombre de Teresa Servín López.

Matriarca de la familia Serna Servín, origen de connotados líderes obreros que son insignia de la CROC, la emblemática central obrera, doña Teresa Servín siempre estuvo al lado de su esposo Agustín Serna Mendoza y sus hijos. En muchas ocasiones, ejecutó labores sociales, de asistencia a obreros y familias que requerían en ese momento de un apoyo.

Originaria del Distrito Federal, llegó a Monterrey con la intención de llegar hasta San Antonio Texas, donde tenía familia, pero el destino del que nadie escapa, le marcó como su nuevo hogar las tierras regias donde conoció a don Agustín Serna Mendoza,  con quien formó una familia.

Teresa Servín López  ya fallecida, se mantuvo activa y a los 82 años de edad encabezaba una casa de oración, ejerció el matriarcado en la familia y continuó con la labor social de su fallecido esposo Agustín Serna Mendoza.


El matrimonio formado por Agustín Serna Mendoza, originario de San Luis Potosí y Teresa Servín López, procreó once hijos, todos nacidos en casa, los que hoy en día han formado su propia familia y encaminaron sus pasos por diversos rumbos de la vida. Además de los padres, algunos de los hermanos se adelantaron al camino eterno.

En una entrevista al periodista Raúl Robledo Ávalos, el recordado líder croquista Agustín Serna Servín citó pasajes de la familia y su llegada a Monterrey.

 “Mis abuelos tenían una fábrica de zapatos, por razones que pasan en la vida,  se vino con mi abuela y sus hermanas a Monterrey, y conoció a mi papá donde trabajaba, en el mismo barrio. Mi madre venía de una familia grande, mis tías y  tíos eran profesionales de la industria del calzado, en ese tiempo tenían 80 trabajadores; hubo dificultades en la familia, y mi abuela con familiares en San Antonio, Texas,  buscó llegar allá, pero aquí trabajó para hacer domicilio y conseguir pasaporte y partir al vecino país”.

“Mi mamá estaba encargada de la caja del restaurante “Escobedo”, a un lado del cine Escobedo,  conocido como “El Escobas”, que estaba ubicado en Calzada Madero, entre Diego de Montemayor y Doblado, en la acera sur; mi abuela era la encargada en la cocina, y mi papá que trabajaba ahí muy cerca, en la Cremería “La Fronteriza”, una lechería, llegaba  a desayunar o cenar, y ahí la conoció y pronto contrajeron nupcias”, contó.

Baja de estatura, pero grande en el alma y el corazón, en el valor de luchar por combatir la injusticia, aún sea dentro del seno familiar,  doña Teresa tenía en mente que la preparación escolar proporciona las herramientas para el camino de la vida decorosa.

 En uno de esos viajes a la ciudad  de México para visitar a la familia, quiso inscribir al niño Agustín  a sus cinco años en el primer grado, sin embargo, no le aceptaron por la edad.

De regreso a Monterrey ya residentes en la colonia Obrera,  acudieron a la escuela “Nuevo León” para la inscripción escolar de la cual perdura una anécdota que recordó en la entrevista el propio Agustín Serna Servín.

” Estaba el mostrador alto, y mi mamá me dijo, “súbete en mi empeine”, usaba tacón y me subió en sus pies para que me viera un poquito más alto, y me inscribió, entré a primer año de primaria; primero, segundo y una parte de tercero estuve en la “Nuevo León”, eso se me quedó grabado para toda la vida, y todos mis hermanos después de eso, de cinco años fueron inscritos en la escuela”.

Doña  Tere apoyó a su esposo don Agustín en toda su carrera sindical y política; en los tiempos en que  faltaba el dinero, los hijos mayores trabajaban para ayudar a la economía familiar.

“Todos mis hermanos, los mayores, Luis, Juan Manuel y yo, siempre buscamos la manera de trabajar en algo para ayudar a papá con dinero; a veces mi mamá de sus ahorros, completaba al mes la letra del carro de sitio de papá que por andar en el sindicato o por la escasez de empleo no completaba”.

” Y nos decía, “voy a romper la alcancía”, en aquel entonces de yeso, de esas de figuras de animales,  y pues a romper el cochino. Me acuerdo, mi papá pagaba 300 pesos de la letra del carro y ahí le completaba mamá, 100 pesos, 200, a veces toda la letra”, planteó en la entrevista el dirigente Agustín Serna Servín, hoy recordado no solo en la CROC sino en el movimiento obrero.

“Ella nos empujó a todos, todos mis hermanos tuvimos carrera, gracias al esfuerzo de mi mamá”, explica Osvaldo Serna Servín, secretario general de las Asociaciones Vecinales “Teresa Servín López”.

Rememora la sensibilidad de su madre, que mantuvo unida a la familia y sometió a los hijos que tenían  mal comportamiento con la esposa.

Hubo  una recompensa: todos los nietos  en su cumpleaños, en las épocas de Navidad y año nuevo se reunieron  en la casa materna para compartir momentos de felicidad.

Atenta a lo que pudiera ser una injusticia, la madre de los Serna Servín intervino cuando creía conveniente, escuchó  las quejas acerca del actuar de algunos de sus hijos y que lastimaran a terceros.

 __. “Oye Agustín, decía al hijo mayor, ya sabes que tu hermano  anda molestando a esa gente”.

__. “Si mamá, estoy atento, no te preocupes, lo voy a resolver”.

__. “Oye, pero es que eso es injusto”.

“Mi madre nos enseñó a apoyar a la gente, en la casa, prácticamente ella siempre fue el jefe y la jefa de familia, mi papá, pues estaba fuera o andaba trabajando en su tarea de luchador social.

En el barrio, mi mamá atendía a todas las vecinas, hay constancia, hoy viven muchas señoras a  las que apoyaba; llegaban en la noche, “oiga doña Tere, vino la “razzia”, había unas camionetas amarillas, que les decían las canarias y se llevaron a los muchachos, estaban jugando fútbol en la calle, qué daño les hacen si somos un barrio tranquilo.

     Y mi mamá, si estaba dormido mi papá, lo despertaba, “a ver Agustín, aquí están  estas señoras, se llevaron a los muchachos”, se levantaba, y si no, le quitaba tarjetas firmadas de regidor, las llenaba para el comisario en turno. Tenga, vaya, y si no se los dan, me habla,  voy a esperar su llamada.

La labor de gestoría y de apoyo social fue permanente, becas,  recomendaciones para el trabajo, supo llevar una buena vecindad con los vecinos.

 De lunes a viernes doña Tere,  atendió una Casa de Oración, establecida por ella misma y los sábados y domingos con el apoyo de su hijo Agustín regalaba despensas, surtía recetas médicas y apoya a adultos mayores.

Como un homenaje a su memoria, las Asociaciones Vecinales que dirige su hijo Osvaldo, llevan su nombre.

One thought on “Teresa Servín López, un ícono en la familia Serna Servín

  • 2 diciembre, 2019 at 8:57 PM
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    Inolvidables nuestros padres

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