Tinta en la Sangre

AGUSTÍN SERNA SERVÍN: VIVIR Y MORIR POR LA CROC

   Por: Francisco J. Peña Medina

    Una de las últimas veces que hablé con Agustín Serna Servín, líder emblemático de la CROC de Nuevo León enfrentaba con estoicismo una feroz batalla en contra de un cáncer agresivo, que finalmente le arrebató la vida en las primeras horas de un fatídico 19 de enero del 2015.

     Agustín nos invitó a un grupo de integrantes de su círculo cercano a desayunar a su casa de la Colonia Country, en ciudad Guadalupe. Entre los invitados estaban Diego López Cruz (+) su brazo derecho, Antonio Mata Lugo “La Pantera”; un fiel asistente y confidente, que, al paso del tiempo, se convirtió en su propia sombra y su mejor amigo; su hijo César Serna Escalera y Salvador Patlax Hernández, encargado de asesorarlo en asuntos sindicales.

     Recuerdo que llegué media hora antes de la cita y tuve la oportunidad de charlar a solas por varios minutos con el dirigente croquista, quien recién se había sometido a un escrupuloso chequeo en un hospital de Houston, Texas; especializado en enfermedades catastróficas.

     En la sala, su pequeña hija Pamela veía sentada en un andador caricaturas y jugaba con un juguete de peluche, cuando de pronto escuché los pasos pausados de Agustín bajar las escaleras de la segunda planta, dónde supuse estaba su recamara.

    Vi al líder, más delgado y descubrí que su rostro denotaba cansancio y escondía un dolor callado. Vestía un pants color claro y calzaba pantuflas. Se detuvo un instante a contemplar a la niña, acarició su cabello y le beso tiernamente  la mejilla.

     “¿Cómo estás, compadre, como te fue?”, le pregunté tras el obligado apretón de manos.

      “De la chingada, me duele todo el pinche cuerpo”, me respondió, mientras dejaba al descubierto un parche quirúrgico colocado a la altura de la cadera izquierda.

      “Me hicieron una biopsia y me sacaron una muestra de hueso, creo que traigo otra complicación, el problema del hígado está encapsulado”, dijo con un rictus de dolor en su cara.

      Me comentó que los médicos de Estados Unidos le daban cinco años de vida, con calidad, “sin andar dando lastimas”.

      “En cinco años dejo resueltos todos mis asuntos, pero lo que más deseo es ver crecer a esta niña”, expresó señalando a Pamela que observaba atenta, la televisión. Luego se quebró y no pudo reprimir el llanto.

      “Tranquilo-le dije acercándole una servilleta-es de hombres llorar”.

       Agustín jamás se doblego ante la adversidad que representaba el avance vertiginoso de una enfermedad “pendenciera”, que lo mantuvo a raya por varios meses y que lo retó, en su mejor momento como sindicalista.

       Que vino a frenar su dinamismo natural, a robarle la calma y a truncarle proyectos dirigidos a engrandecer y enaltecer a su querida CROC por la que vivió y también murió.

       Aun mostrando los estragos del padecimiento, el líder seguía asistiendo con frecuencia a su oficina del primer piso de la sede sindical, en Félix U. Gómez y Espinosa de la colonia Obrera, en Monterrey, donde, por cierto, tiene su casa paterna.

      Llegaba en ropa ligera, con andar quizás lento, pero sin perder ese espíritu indomable que siempre lo caracterizó y la bonhomía que lo distinguió como uno de los lideres mas cercanos a los trabajadores, a quienes ofrendó su lucha.

       Siempre aguerrido, Agustín dejó un legado en el movimiento obrero mexicano, basado en la educación, el sindicalismo social y la modernización integral del gremio.

       Hoy 14 de junio, Agustín Serna Servín cumpliría 73 años y el mejor regalo que le podemos ofrecer los que lo conocimos y apreciamos; quienes atesoramos un recuerdo de él, una anécdota, un abrazo; es honrar su memoria y predicar con su ejemplo.

      Conmueven y estremecen el alma; las palabras sinceras de su hija Vicka, que parecen salir de los mas profundo de su corazón y que le escribió en un día tan especial:

       “Hoy 14 de Junio de 1947 nació un gran líder sindical, gran persona, amigo, hermano, hijo, abuelo y padre; Hoy cumpliría años mi padre el que me enseñó que siempre hay que ayudar a los demás sin esperar nada a cambio el que me crío y me dio todo lo que quería, solo tengo que decir que hago lo que puedo día a día para honrar su memoria y legado, Te amo Papá, Dios te tenga en su santa gloria”.

        Sin palabras ¡Feliz Cumpleaños Agustín!

One thought on “Tinta en la Sangre

  • 17 junio, 2020 at 9:38 PM
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    Como él ninguno fué único siempre vivirá en mi corazón Dios está contigo

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