sáb. Ago 13th, 2022

Por Pedro García

Entiendo que, históricamente, las instituciones del poder político, es decir, los partidos, consultan y acuerdan con los barones del dinero, pero eso de llegar al extremo de “sesionar” -casi en Asamblea-, en oficinas privadas corporativas (con el “nuevo Jefe” X. González) y divulgarlas en fotografías es censurable.
¿Qué fue de las expresiones, luego de pasadas las recientes elecciones, de que el Partido (por excelencia el PRI) actuaría de manera cercana al Pueblo (lo que esto signifique)?
Si bien los partidos son instituciones que buscan el Poder apoyadas socialmente, incluida la clase económicamente alta, estimo que privilegiar los intereses de las élites debilita a la estructura de los ciudadanos de bajos ingresos, lo que se conoce como la desigualdad.
En el caso del PRI es más notoria aquella postura toda vez que, regularmente, se ha arrogado la representación de lo popular, es decir, de los de abajo, y de haber creado instituciones para apoyar el ascenso social de la población económicamente deprimida.
La fotografía donde aparecen los dirigentes de los partidos PRI, PAN y PRD con el multimillonario empresario, Claudio X. González es reveladora de la preferencia ¿o subordinación?, al gran capital que se duele del régimen social del presidente López Obrador.
Tratándose de rutas de gobierno, de implantar un régimen, no hay comparación equitativa cuando se pretende defender a los de arriba en relación con los de los intereses de los de abajo. Proceder políticamente en favor de los adinerados, ensancha y profundiza la brecha socioeconómica.
Me resulta difícil entender, al PRI, por ejemplo, echarse a los brazos de las élites sin olvidar que el tricolor ha pasado la “charola” ante los industriales y banqueros mexicanos para las campañas políticas con la oferta, y garantía, de sostenerse en el poder por décadas, como lo prometió Gurría a los hombres de empresa, alguna vez en Monterrey.
La promesa fue incumplida porque hubo alternancia panista, pero los ricos fueron agraciados preferentemente por el gobierno del cambio albiazul.
La moneda está en el aire. Falta por ver –aunque no dilata-, cuál rumbo va a tomar el PRI.
¿Acaso el PRI ya ve por perdida toda probabilidad de congraciarse con las llamadas clases populares como base electoral efectiva?
¿Ya no ve remediable la distancia que ha tomado con los de abajo y que usó como elemento de discurso político electoral?
Yo no creo que Morena ni López Obrador se hayan asegurado, de por vida, la simpatía de los de abajo. Por lo tanto, considero como un error que el tricolor eche por la borda su historia abrigándose en los millones de Claudio X. González, Fernández Carbajal y otros muchos barones del dinero.

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