lun. May 16th, 2022

Por: Antonio Sánchez R.

Cinderella Región 4T

La seriedad, la sobriedad, el respeto a las instituciones y, sobre todo, a las personas, son virtudes que deberían tener quienes aspiran a ocupar un cargo de elección popular o bien por designación de quien llega al poder. Ejercer un cargo público, aunque sea de manera honorífica, es o debería ser ser una responsabilidad a toda prueba.

En Nuevo León hemos tenido gobernantes extraordinarios, personajes reconocidos por sus acciones y por su talento para gobernar, por lo que han dejado, muchos de ellos, honda huella en nuestra historia. Hemos tenido desde militares, pensadores, filósofos o hasta simples políticos forjados en el ejercicio de una carrera iniciada desde jóvenes. Todos ellos, de una u otra manera han contribuido al engrandecimiento de nuestro estado libre y soberano.

Bonifscio Salinas Leal, Arturo B. de la Garza, Raulito Rangel Frías, Eduardo Livas Villarreal, Eduardo A. Elizondo Lozano, Luis M. Farías, Pedro Zorrilla Martínez, Don Alfonso Martínez Domínguez, Jorge Treviño Martínez, en fin aún los más recientes gobernantes de este pujante estado, han puesto su grano de arena para influir en el desarrollo de la entidad.

Cada uno de los gobernantes ya mencionados, a excepción de Don Alfonso y, como ya dije, hasta los más recientes, tuvo una consorte, una esposa que colaboró de manera específica en tareas esenciales, sobre Tomo de beneficencia, encabezando instituciones que han servido a ese propósito.

Ninguna de ellas exigió nada más allá que ejercer las tareas que les fueron encomendadas y tampoco estuvieron al acecho de sus cónyuges pretendiendo hacerles sombra o buscando ocupar alguna oficina al lado de la del marido gobernante y mucho menos anduvieron disfrazándose de nada, siendo mujeres que, además cumplieron con su qué hacer de madres, paralelamente a su ejercicio de Primeras Damas del Estado.

Por eso, llama la atención la actitud tomada por la actual “Princesa Consorte Mariana I”, quien en tan sólo tres semanas ha pisoteado ese digno cargo honorífico de “Primera Dama”, rechazando en principio tal nombre, emulando a doña Bety la Fea a nivel federal y no conforme con ello, ha incurrido en una serie de actos que dejan mucho qué desear en cuanto a la seriedad con que se debe actuar en posiciones como la suya..

No está el horno para boyos y sin embargó, aun con todo y eso, nuestra  Cinderella Región 4T navega en las redes sociales a todo lo que da, fabricando en torno suyo escenarios de ensueño, fantásticos y castillos de algodón qu un día, se le podrían esfumar, irse igual que como llegaron… 

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