mié. May 18th, 2022

Por: Antonio Sánchez R.

El “Jefe”… 

El servilismo, la lambisconería y la falta de preparación de muchos de los funcionarios de la administración pública, en todos sus niveles, son algunos de los factores que permiten que en esta nuestra política tan sui géneris se den escenarios dignos de un análisis profundo acerca del comportamiento humano.

La política “a la mexicana” presenta escenarios en verdad de risa,  por los equívocos que se desprenden de una visualización tergiversada del papel que le corresponde a cada uno de los integrantes de las distintas posiciones existentes en municipios, estados y federación.

Así, se le asigna la etiqueta de “jefe” a alguien que en realidad no lo es, que puestos en la realidad más bien es un empleado de la comunidad, que percibe un salario surgido de lo que los ciudadanos entregan vía impuestos y cuya responsabilidad está centrada en SERVIR A LA COMUNIDAD.

Esto es algo que no entienden muchos funcionarios, empezando por alcaldes y regidores, funcionarios que pertenecen al primer circulo del poder  y son el primer enlace con el ciudadano, a quien, de acuerdo a los preceptos constitucionales, deben servir. Ellos no son jefes de la comunidad, sino al revés, la comunidad es jefe de ellos y de todos lo empleados de los ayuntamientos.

Por eso decirle “Jefe de la Comuna” al alcalde es un equívoco terrible, pues la figura de “alcalde” es simple y sencillamente una forma protocolaria de identificar una posición que, aunque le garantiza cierto grado de poder, eso no significa que la ciudad o el municipio sea de su propiedad y que todos deban inclinar la cabeza o hacer caravanas a su paso.

Todo esto viene a cuento porque en los últimos tiempos varios alcaldes se han abrogado la categoría de “patrones”, “mandamases”, usuarios de un poder sin límites y que a la hora de hablar, en su vocabulario no existe el plural, sino que hablan en primera persona: “tengo”, “voy”, “quiero”.

Lo peor del caso es que, desconocedores de la verdad legal, hay quienes de manera servil y lambiscona les siguen el juego, aprueban en automático cuanta estupidez se les ocurre e inclinan la cabeza en una actitud agachona que significa un insulto para la ciudadanía. En esa situación están los regidores y síndicos, integrantes de los cabildos que, de acuerdo a la ley, son los verdaderos “jefes” del alcalde, pues son los originales representantes del pueblo.

Hay municipios en los que se crean ambientes extraños, en los que desde antes de arrancar la administración municipal, se ejerce presión sobre el cabildo en general para que aprueben, sin conocer antecedentes, a los funcionarios designados por  “el jefe”. Aquí tendríamos que preguntar a qué “jefe” se referieren, porque no cabe duda que es una realidad inminente de nuestra política: que el poder tras el trono lo ejerce, por lo regular, un ex alcalde.

Y así están muchos cabildos en los que el alcalde no sólo se siente el “jefe” de los regidores, sino hasta propietarios de la ciudad y de todo el territorio municipal, se sienten dueños de vidas y haciendas, señores de horca y cuchillo, caciques pues, pertenecientes a una “casta divina” que tiene una visión equivocada de la realidad, una realidad que en sus palacios y residencias ven al pueblo como sus sirvientes o, peor, como sus esclavos.

El dinero compra voluntades y tuerce los preceptos legales. Con dinero del pueblo, con el presupuesto municipal se “plancha” tanto a los regidores del partido ganador como a los de oposición. Aunque existan antecedentes oscuros en las trayectorias de algunos funcionarios, sus nominaciones son aprobadas por el Cabildo, no por “unanimidad”, como lo pretendía “el jefe”, sino por mayoría. Pero, hay estrategias para quebrar voluntades… puede ser con dinero contante y sonante o con camionetas último modelo.

Para terminar, erase una vez que el alcalde de un pueblo envió a unos de sus compinches para que le dijera a un regidor sus ´´pretensiones´´, al momento de llegar el enviado a hablar con el regidor, éste le planteó las ´´pretensiones´´ del ´´jefe´´ a lo que el regidor le respondió, que él no tenía otro jefe más que la ciudadanía, que inclusive, el alcalde era un simple empleado de los ciudadanos y que en todo caso los regidores y síndicos son los “jefes” del alcalde, debido a su calidad de representantes de los ciudadanos en los cuerpos edilicios. Dicho esto, el “enviado” se quedó con el ojo cuadrado ante dicha explicación y lo único que alcanzó a responder fue un: “¿a poco sí?, a lo que respondió el regidor: ¡checa la ley!

 Lo malo es que en la vida real y como se manejan los cabildos, haga de cuenta amable lector que es lo mismo del cuento, esta ´´jefatura´´ acabará hasta que los regidores sepan el alcance legal y el poder que les otorgan las leyes, es cuestión de leer y prepararse.

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