lun. Jun 27th, 2022

Arnulfo Vigil

Ayer 2 de diciembre hace 28 años fue asesinado uno de los hombres más ricos del mundo, más poderosos y más temido, el narcotraficante Pablo Escobar. Era tal su poder que fue diputado de su país y pretendía ser presiente de Colombia. Su empresa criminal tenía franquicias en México, sus socios eran Rafael Caro Quintero, Miguel Angel Félix Gallardo y Eduardo Fonseca. Fue el mayor exportador de cocaína y otras sustancias a Estados Unidos y a otros partes del mundo. Mucha de la droga consumida en México provenía de su empresa criminal. 

    No desde entonces, pero sí en este contexto, el consumo de cocaína, marihuana y heroína aumentó significativamente en nuestro país. Y eso dio pie a la organización de cárteles de la droga. Ante la demanda mayor oferta. Y la violencia se desató. Y el precio de las drogas creció. Y los daños colaterales aumentaron. Y se declaró la guerra contra el narcotráfico por parte del ex presidente panista Felipe Calderón que no sirvió de nada. o, más bien, sirvió para llenar de luto cientos de hogares mexicanos. 

    Pero el consumo de drogas, en particular marihuana y cocaína, sigue aumentando entre la población mexicana y en Nuevo León. Lo más grave es que cada vez más jóvenes son adictos. “El sensible incremento en el consumo de drogas en México, durante los últimos años, donde el segmento más vulnerable es la población de 12 a 19 años, obliga tanto a la familia como a la escuela, además de las acciones que debe operar el Estado, a replantear y reforzar las estrategias de prevención identificando primero a los principales factores de riesgo”, señala Roel Guajardo Cantú en su libro “Las drogas: un problema de todos”. 

    Uno de los problemas más grandes es la drogadicción en la escuela. Si bien los padres pueden detectar cambios bruscos en el comportamiento de los hijos, en la escuela los maestros pueden detectar esos efectos. Las matazones en las escuelas a cargo de los propios estudiantes (acaba de suceder una en Estados Unidos) no es sino la consecuencia de conductas afectadas por estimulantes. 

    “La escuela puede detectar a los alumnos que consumen drogas y capacitar a los padres de familia sobre las señales y conductas de quienes usan o abusan de las drogas, a fin de que estén atentos con sus hijos y que de manera oportuna los puedan atender o canalizar a las dependencias de apoyo profesional más adecuadas”, agrega el maestro Guajardo Cantú.  

    Las autoridades educativas del estado deberían prestar atención a estas sugerencias. Y no andar con clases de educación mental para niños post-pandemia de Covid. El problema está en otra parte: en el consumo de drogas de los alumnos de secundaria. Algo realmente grave. No se trata de que el Covid destejió relaciones familiares, no, lo que desteje las relaciones familiares, de amistad, de estudios, es el consumo de drogas. Y no ver a un adicto como un enemigo, en particular si es joven, porque es una víctima, no victimario. 

    Si hay algo triste en este mundo es ver a un drogadicto, pero todavía algo más triste es que las autoridades gubernamentales no le presten atención a este problema. 

Por Admin

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