lun. Jun 27th, 2022

Abel Moreno López

En el transcurso de la historia de Nuevo León encontramos diversos episodios en los que se hace patente la participación de la mujer, casi siempre se trata de acciones muy singulares, pero individuales, por ello resulta de gran interés reseñar un hecho poco conocido, hasta hace relativamente corto tiempo, y que tiene que ver con una protesta realizada por un importante número de mujeres residentes de Monterrey en contra del contenido del artículo tercero de la Constitución General de la República.

Corre el año de 1916. El primer día de diciembre se instala en el hasta entonces llamado Teatro Iturbide de la ciudad de Querétaro, el Congreso Constituyente. En el acto inaugural el ciudadano Venustiano Carranza encargado del Poder Ejecutivo presenta a los congresistas un proyecto de reformas a la Constitución de 1857, que mantenía, sobre la educación, la misma idea del laicismo que había permitido al régimen porfirista hacer concesiones al clero en esa materia.

La reacción de los constituyentes radicales no se hizo esperar, para ellos no sólo debería respetarse el espíritu liberal de la Constitución de 1857, sino que era necesario darle carácter constitucional a las demandas sociales por las que había luchado el pueblo en la revolución.

Fueron duras batallas verbales las que se dieron sobre este tema pero al final se impuso el criterio de los radicales. El 16 de diciembre se dio por terminada la discusión siendo aprobado conforme el dictamen de la comisión.

Artículo 3o. La enseñanza es libre, pero será laica la que se dé en los establecimientos oficiales de educación, lo mismo que la enseñanza primaria, elemental y superior, que se imparta en los establecimientos particulares. Ninguna corporación religiosa, ni ministro de ningún culto podrán establecer o dirigir escuelas de instrucción primaria. Las escuelas primarias particulares sólo podrán establecerse sujetándose a la vigilancia oficial. En los establecimientos oficiales se impartirá gratuitamente la enseñanza primaria.”

Hasta aquí la historia generalmente conocida, el artículo se aprobó y formaría parte de la Constitución sancionada el 5 de febrero de 1917.

No obstante lo anterior, hace seis años, en 2015, dos años antes de la conmemoración del Centenario de la Constitución, la Cámara de Diputados publicó en su sitio de internet una serie de documentos relativos a la época de celebración del constituyente, entre ellos “un legajo de casi 300 documentos relacionados con algunos aspectos legislativos de los diputados constituyentes”, aspectos poco conocidos y poco abordados por los historiadores.

Entre esos documentos destaca una protesta datada en Monterrey a 5 de enero de 1917, turnada el 17 de ese mes a la Comisión de Peticiones… En dicho documento que consta de dos hojas escritas a máquina, seguidas de 17 páginas con firmas todas de mujeres quienes de inicio manifiestan su protesta por haber sabido que en el Congreso reunido en Querétaro se proyectan algunas leyes “vejatorias u opresoras de nuestra Santa religión”, refiriéndose básicamente al tema de la educación.

De manera específica junto con su protesta solicitan al Congreso reconsiderar el artículo tercero constitucional y que se apruebe dentro del más estricto criterio liberal, “como lo propuso el señor Carranza”, desechando mezquinos intereses de sectarios radicales.

Desde luego el escrito se formuló y presentó cuando ya el mencionado artículo había sido aprobado, sin embargo conocer la existencia de ese documento histórico y la protesta de aquellas mujeres regiomontanas, es muy relevante en cuanto se refiere a un importante antecedente de participación política de la mujer.

Independientemente de estar o no de acuerdo con el contenido de la protesta, es de reconocerse la valentía y autenticidad de aquel acto, pues incluso en el mismo escrito aquellas regiomontanas señalaban que “si nuestra protesta no produce el resultado que esperamos, será siquiera un desahogo de nuestro dolor y hablará por nosotras ante la ciudad, ante el estado, ante la República, ante la América y ante el mundo entero, pero sobre todo ante el supremo juez de la humanidad”.

Como antes se señaló aquel escrito contenía 17 páginas con varios centenares de firmas autógrafas de las mujeres inconformes con la decisión que había tomado la legislatura constituyente en materia educativa, lo que debe reconocerse como una manifestación política de mujeres, sin precedente en el estado de Nuevo León.

“Protestamos contra esas leyes opresoras de los sentimientos de las firmantes seguras de que nuestra protesta no es únicamente la expresión de los sentimientos de las que firmamos, sino que es la de todas las mexicanas, pues todas sin excepción abundan en iguales o mejores sentimientos que nosotras y no hay una que no firmara nuestra protesta”.

Entre los nombres que aparecen en la primera de las hojas con firmas se pueden leer entre otros los siguientes: María del Refugio de la Garza de Martínez, Elisa F. de Rivero, María del Refugio Martínez de la Garza, Dolores Morales, Guadalupe Martínez de la Garza Elisa Ayala Doria, María L de González, Eugenia González Lafón, Ana María González, María González Lafón, Luisa Blanca Gonzalez, María F. de Belden, Angeles González, Matilde González Lafón, María de Los Ángeles García, Concepción Morales, Petra G. de Morales, Beatriz L. de Rivero, Manuela Cantú, Concepción González, Eulalia Cantú, Guadalupe Treviño, Tiburcia Escamilla, María Herrera,  Angela R. de San Román y muchas más…

Las mujeres, ¿qué duda cabe?, han sido un importante motor de la dinámica de la sociedad nuevoleonesa, por lo que se impone la necesidad de seguir hurgando en el pasado reuniendo más testimonios y ejemplos de su activo tránsito en el quehacer social y político de nuestro entorno… Hasta la próxima…

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