jue. Dic 8th, 2022

Arnulfo Vigil

Mientras las crestas de la informalidad siguen en aumento en las diferentes áreas del gobierno estatal, con planes que no se concretan, con ideas de superación económica que se cantearán para el lado de los poderosos, con proyectos que por su ambición resultan poco viables (al menos en el corto plazo) los graves problemas que se ciernen como espada de Damocles sobre nosotros no tienen solución o, cuando menos, visos de arreglo. 

    La escasez de agua, la contaminación más nociva y peligrosa que nunca, la violencia que escala proporciones de guerra, el transporte urbano con trazos obsoletos que no se arreglarán con la implementación del famoso Sintram, el acoso a las mujeres, son problemas reales que afectan a los ciudadanos aquí y ahora.

    Y mientras las llagas nos colman, la duplicidad de funciones del Gobierno del Estado hacen más difícil las soluciones a los problemas. Se trata de no crear más burocracia, de poner freno a los altos salarios y viáticos de los funcionarios, de no mutilar el sueldo de los trabajadores de base, de reconocer el esfuerzo de quienes tienen años y años trabajando en el gobierno, de que quienes han llegado, por esos vericuetos de la vida, a las posiciones de poder no se crean los meros meros. Y sin embargo no se hace.

    Si bien es cierto que los problemas datan de años atrás y que anteriores gobernantes no pudieron o no quisieron dar una solución, entonces ahora es tiempo de afrontar el gesto adusto del infortunio. No con planes, programas y videos sino con la entereza de captar el problema real en el mundo real. Si hay violencia entonces hay que ir a los puntos donde se genera, casi siempre puntos deprimidos, polígonos de pobreza. Pero no: el esfuerzo realizado para la solución se da en un escritorio. 

    Hay un Instituto de Movilidad desde sexenios anteriores que se encarga de la administración del transporte urbano. Pero como si no existiera porque no se soluciona el problema del transporte urbano. Quienes han estado de directores van por lo suyo, no para ayudar a los usuarios. Y ahora con este gobierno se creó la Secretaría de Movilidad para arreglar el problema del transporte urbano. Y hasta donde se sabe sólo han hecho licitaciones a modo, contratar más personal y duplicar las funciones con el Instituto.

    Y lo mismo pasa en Conarte, que funciona bajo un esquema en donde están incluidos los artistas, tipo modelo de democracia participativa, y cuyo Director, Ricardo Marcos hacía todo lo posible para cumplir con las demandas de los diferentes gremios artísticos. Pero el gobierno de Samuel García lo quitó y puso a una desconocida, tanto para el arte como para los artistas.

    Y en el colmo de la depreciación inconsútil creó la Secretaría de Cultura, a cargo de una burócrata que no ha dado color. Si bien la cultura es uno de los renglones de la administración pública más relegados, ahora con dos instancias de administración de cultura resulta peor. Porque ni Conarte ni la Secretaría de Cultura están haciendo algo. No hacen, hasta el momento, nada. Ni siquiera pagar deudas de Conarte. 

    Y hay más organismos y dependencias que se han duplicado, el Instituto de la Mujer, por ejemplo. De esta manera, aunque se quiera, no se puede avanzar. Y los graves problemas de Nuevo León siguen ahí, latiendo.    

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