lun. May 16th, 2022

Por Salvador Hernández LANDEROS

Sí Andrés Manuel López Obrador llegara a fallecer durante su mandato, por su investidura, sólo habría que rendirle los honores que le corresponden.

Como ciudadanos civilizados, debemos respetar la voluntad familiar; su esposa e hijos. Ellos decidirían si se velarían sus restos y dónde su sepultura.

Del fallecimiento del ser humano por causas naturales, consecuencias de algún padecimiento, accidente o violencia, nadie nos vamos a escapar.

La muerte no avisa. No respeta edad ni posición social. Si se es bueno o malo. Católico o no. Empresario, político, mendigo o ladrón. Le da lo mismo.

Por eso no entiendo los sobresaltos de quienes andan todos alarmados porque el presidente AMLO comentó que redactó un “testamento político”.

El testamento es un acto legal, formal y sensato, mediante el cual una persona decide su voluntad respecto a sus bienes al momento de su fallecimiento

Lo de AMLO es un documento que anunció luego que su salud se afectó por Covid-19 u Ómicron y someterse a la colocación de un catéter coronario.

Sobre su salud sólo lo saben él, su esposa, hijos, médicos y colaboradores cercanos. De cuánta vida le queda, nadie lo sabe. Ni él se va a enterar.

Según su “testamento político”, el presidente lo redactó “para garantizar la gobernabilidad del País en caso de fallecer durante el ejercicio de su cargo”.

Si el fuera responsable, por motivos de salud se puede separar del cargo. Nadie somos indispensable. La historia lo puede tratar mejor por su sensata decisión.

En cuanto al “testamento político”, éste se puede invalidar porque por encima de este hay una Constitución en la que prevé la falta del presidente de México.

chavalolanderos@yahoo.com.mx

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