jue. Dic 8th, 2022

Abel Moreno López

Al triunfo de la independencia y una vez superado el intento imperialista de Iturbide, pudo surgir al fin la república mexicana. Como consecuencia del triunfo político que constituyó el logro de la independencia hubo necesidad de adoptar nuevas instituciones y aplicar diversas disposiciones de orden legislativo en los más diversos aspectos de la vida del nuevo país.

Una de esas disposiciones federales fue la emisión del decreto del 2 de mayo de 1826, que por una parte extinguía algunos títulos nobiliarios pero que además ordenaba la destrucción “de los escudos de armas y demás signos, que recuerden la antigua dependencia” de América con España.

Ello motivó que en el mes de septiembre de ese año se diera un conflicto entre el Ayuntamiento constitucional y el Cabildo Eclesiástico de Monterrey, relativo a la destrucción del escudo de armas de la corona española que adornaba la catedral regiomontana.

El presidente municipal de Monterrey dirigió un oficio fechado el 13 de septiembre al Cabildo Eclesiástico exponiendo que por circular del gobernador se le había instruido para verificar el cumplimiento de esa disposición en su municipio “y ecsistiendo aun y con escandalo publico en la fachada de esta Santa Iglesia Catedral la corona imperial con el toison que es puntualmente el blason de que en todos tiempos han usado los reyes de España” lo hago presente para que a la brevedad se mande destruir dicho monumento y que se dé con ello la más “irrefragable prueba de su patriotismo y una ciega obediencia á las leyes liberales que nos gobiernan en la epoca presente”. Firmaba el Alcalde Manuel María de Llano, asistido por el secretario Miguel Nieto.

Aquel oficio recibió fechada al día siguiente, una airada respuesta del Cabildo Eclesiástico, iniciando por señalar que le parece muy extraño que sea el alcalde quien haga esta comunicación y lo haga utilizando “un lenguaje impolitico, e injurioso” luego cuestiona el patriotismo del alcalde y señala que el único objeto ha sido el de tomarse “la licencia de ofender a este Cabildo”. Expresa que el Ministerio les comunica directamente a ese cabildo o al gobierno de la Mitra sus decretos como ha sido en este caso y que se lo expresan “a V. para que entienda no serle propio dirigirnos ni comunicarnos su ordenes, a lo que se precipita su avilantéz, dorandola con zelo por atropellar un cuerpo que jamás ni la mas alta superioridad ha tratado con tanta acrimonia, por no decir mas…” por lo que, luego de otras descalificaciones se le dice, “concluimos advirtiéndole que no se ocupe en comunicarnos ordenes semejantes, que ni le corresponden, ni son de su atribución”. Firman por el Cabildo Eclesiástico: Dr. José Bernardino Cantú, Pedro de Hombre y Juan Francisco de Arze Rosales.

El intercambio continuó unos días, cada vez subiendo más de tono, con acusaciones mutuas sobre haber recibido injurias y maltrato del otro, llegando a afirmaciones como la de “mal médico” que se le aplicó al alcalde De Llano o bien, de que en otro tiempo había un cabildo ilustrado. En todo caso se trató de un debate epistolar directo, que a pesar de los ataques, muestra un envidiable uso del lenguaje, además de conservar siempre el trato de urbanidad de que es propia la correspondencia.

El fondo del asunto quedó resuelto al hacer saber el Cabildo Eclesiástico que se había dado respuesta directa a la autoridad superior sobre el cumplimiento de la ley y al contestar el Presidente Municipal que daba por concluidas estas “contestaciones”.

Dado que mas allá del tema específico que lo motivó, es un interesante ejercicio de esgrima verbal, se recomienda su lectura, ya que fue publicada por la Imprenta del Gobierno a cargo de Lorenzo Antonio de Melo, en aquel año de 1826, en dos folletos, uno bajo el titulo: “Contestaciones habidas entre el Alcalde Primero Gefe Político de esta ciudad y el Cabildo Eclesiástico de la misma, originadas por la destrucción del escudo de armas españolas, que se halla en la fachada principal de la Catedral, prevenida en orden superior del 2 de mayo de este año”. y el otro: “Alcance a las Contestaciones habidas entre el Alcalde Primero Gefe Político de esta ciudad y el Cabildo Eclesiástico de la misma”.

Finalmente es de comentar que el tema de destrucción de escudos de armas y otros signos heráldicos por motivos políticos o ideológicos, se ha presentado en diversas ocasiones y países como en la Revolución Francesa, en Italia y en México tanto en la época de la independencia de España como al finalizar el imperio de Maximiliano, pero esas son otras historias… hasta la próxima

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