mié. May 18th, 2022

Por: Antonio Sánchez R.

La “pausa”…

Hay momentos en la vida en los que, por determinadas circunstancias, nos vemos obligados a poner un alto, a hacer una “pausa” en nuestras actividades cotidianas, tal vez para tomar aliento y continuar, o quizá para darle un giro distinto a lo que estamos haciendo y que requiere de una reinvención, o como se dice en el lenguaje moderno, de una reingeniería.

Hay situaciones que por su propia naturaleza son difíciles de poner en “pausa”, sobre todo cuando están de por medio siglos de historia…, y de histeria. “Pausar” una relación antiquísima suena a disparate surgido de una mente cuyo objetivo es otro, muuuy distinto al que se pretende presentar, como cuando quieres desviar la atención y se deje de hablar de lo que en verdad incomoda.

Desde los inicios de este sexenio, nuestro presidente inició una “batalla” en contra de todo lo que huela a “España”, llegando hasta el ridículo de exigir disculpas del mismísimo rey hispano por lo ocurrido hace más de 500 años. Obviamente que todo eso fue tomado como parte de un chiste de muy mal gusto de parte del presidente mexicano, quien quedó muy mal parado ante la comunidad internacional.

Cuando ocurrió aquella petición de “disculpas”, el gobierno mexicano se encontraba en situación de crisis…, como lo ha estado desde que empezó, por lo que no ha sido raro que frecuentemente nos encontremos con intervenciones presidenciales que llaman la atención, por su histrionismo exagerado, que hace que todo mundo vea hacia ahí y no hacia donde está ocurriendo algo de más impacto negativo para el país.

Pero no hay nada igual con lo que está ocurriendo ahora, con la disparatada “pausa” anunciada por André Manué en las relaciones México – España, una situación que no se da desde el arribo de Francisco Franco al gobierno español, convirtiéndose en una dictadura sostenida hasta la muerte del “generalísimo”. Tras el cambio de gobierno, las relaciones se reanudaron y el primer embajador en esa nueva etapa fue el ex presidente Gustavo Díaz Ordaz.

Desde hace varios meses, los ojos y oídos de los medios se encuentran posados en las actividades de los hijos del presidente, quienes se dan una vida de reyes y han incursionado en el mundo “empresarial”, en el ramo de la industria del chocolate, con la marca “Rocío”. Pero lo que más fuerte “pegó” negativamente en la imagen presidencial fue el asunto de la “casita” de poco más de un millón de dólares en la que vive el mayor de los López Beltrán y que supuestamente perteneció a un empresario estadounidense que ha tenido contratos con Pemex.

Ha sido tan fuerte la andanada informativa en torno a ese asunto, que el presidente no ha podido, no ha sabido o de plano no ha querido, esclarecer tales hechos y para desviar la atención se avienta “la de ocho”: pausa en las relacione México – España, para que los españoles dejen de vernos como “tierra de conquista”. 

Habrá qué ver en qué para todo esto pero la neta, lo más seguro es que no irá más allá de una simple balandronada de esas que ya se han vuelto clásicas en nuestro prejidente… 

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