lun. May 16th, 2022

Óscar Tamez Rodríguez 

El caso de Palazuelos reabre el debate sobre la mala comunicación política y sus implicaciones. Aún perduran estrategas de la comunicación quienes afirman: “que se hable mal del político pero que se hable, eso es lo importante”.

Palazuelos no es un político como tal, es un actor y empresario metido a la política, pero eso no evita que al estar de precandidato a la gubernatura de Quintana Roo se le trate como a un político.

Era el aspirante de la oposición mejor posicionado, incluso, con todo y el escándalo por sus declaraciones, pudiera haber sido competitivo y hasta ganado, tal como sucedió en Guerrero durante la elección 2021.

No hay duda que los liderazgos del partido evaluaron el costo-beneficio y optaron por dar un paso de lado, retirar la posible candidatura al diamante negro y postular a un exmorenista.

La jugada de proponer al exmorenista es la adecuada pues el senador en cuestión tenía las mejores posiciones en las encuestas de su partido pero el gran dedo elector decidió descarrilarlo; con ello traen un sustituto bien posicionado y además le restan votos al enemigo a vencer que es el partido de la 4T.

No siendo Palazuelos un personaje de la política, desconocemos si esta dura lección le servirá para entender que no todo es vanidad ni fanfarronería, que las palabras tienen consecuencias y más tarde que temprano las facturas llegan.

Para el resto de la arena política, el ejemplo debe servir, no basta con estar en los medios y que se hable del político, se debe cuidar que se hable bien pues la mala publicidad termina por afectar la imagen pública.

Siempre habrá casos disruptivos, personajes quienes a pesar o gracias a su mala imagen triunfan en la arena política, es el caso de Félix Salgado Macedonio, pero ese no es el común denominador.

En tiempos donde la comunicación es vital para los políticos, cuando es tan intensa como dinámica y creativa, pensar que la mala comunicación sirve a la imagen de una persona es poco profesional o la expresión de un neófito en la materia.

En materia de comunicación política podemos recordar que existen tres momentos claves, cada uno con sus propias características: el de conocimiento del personaje por parte de los potenciales electores; el de convencimiento a los votantes y el de compromiso, ese que se da cuando los electores se casan con una propuesta y no existe poder que los mueva de ella.

Para ser un candidato exitoso se requiere ser conocido por la base electoral, nadie vota por los desconocidos al igual que nadie se para en los tacos solos y sin clientes a menos que los conozcan previamente. La comunicación política parte de que los candidatos sean conocidos, pretender darse a conocer en el tiempo legal de una campaña es casi un suicidio electoral, se requiere de trabajo previo, éste era el plus con el cual contaba Palazuelos, ¿quién no conoce al diamante negro?

El problema del actor es que su pasado negro salió a relucir en mal momento, bueno, él mismo lo trajo a colación cuando era tema agotado, todo por una baladronada.

Otro ejemplo de cómo la mala comunicación o mala imagen afecta es lo que viven en estos momentos los candidatos del PAN y PRI; sus marcas políticas tienen el peor descrédito de sus historias, ese descrédito pasa en automático a sus candidatos.

La imagen negativa de los partidistas y políticos afectan en la imagen de los partidos, probablemente eso se consideró al descarrilar al actor para no cargar sus negativos.

El caso Palazuelos debe ser visto en la academia como ejemplo de cómo la mala comunicación sí derroca candidatos ganadores.

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