mié. May 18th, 2022

Luz Maria Ortiz Quintos

El miércoles 9 de febrero murió el niño Ángel Manuel Moreno, de 14 años, en las instalaciones del DIF Fabriles, y se llevo a cabo de manera inmediata la cremación de su cuerpo.

Los hechos fueron de conocimiento público hasta el 16 de febrero, a través del periodista Víctor Badillo, quien informó de presuntas irregularidades en torno a la muerte del niño en el citado albergue del DIF estatal. Como contexto, mencionó el traslado del niño al DIF Fabriles por su participación en la toma de una sección de DIF Capullos la tarde del domingo 28 de noviembre de 2021, reclamando malos tratos.

En su momento, la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Nuevo León estableció medidas precautorias sobre estos hechos.
El DIF Fabriles se destina a la atención de niñez migrante, y que por malos tratos, en agosto del año pasado escaparon siete adolescentes del lugar. De acuerdo con lo observado por la propia Comisión Estatal de Derechos Humanos, este albergue tiene capacidad instalada para 60 niños niñas y en la fecha de los hechos estaba sobrepoblado pues atendía a más de 200.

El 17 de febrero el periodista Víctor Badillo amplió la denuncia con fuentes anónimas, quienes aseguraron ser testigos del presunto homicidio del niño Ángel Manuel como consecuencia de golpes recibidos por un funcionario estatal y el posible manejo inadecuado de medicamentos.

El traslado irregular del niño y su muerte en el albergue Fabriles dedicado a niñez migrante, además del incumplimiento de las medidas precautorias de la Comisión de Derechos Humanos emitidas el 1 de diciembre de 2021 que establecen: “Que se designe personal para la vigilancia y monitoreo permanente de los menores de edad […] a fin de evitar cualquier acto en contra de la integridad física y seguridad personal de las niñas, niños y adolescentes que se encuentren en resguardo, protegiendo efectivamente sus derechos humanos, a fin de que no les sean transgredidos”.

Me sumo a las miles de voces que en Nuevo León pedimos #JusticiaParaÁngel, su muerte no deberá quedar impune, se debe dar con los responsables y deben pagar por este abuso, que se convirtió en asesinato.

¿Qué clase de personas somos, que nos conmueve la muerte de una mascota, pero no nos indignamos por el asesinato de un niño?

Ángel está en un lugar mejor, pero ahora nos debemos de asegurar que se trate con respeto y dignidad a los cientos de niños y niñas que están en las mismas condiciones de Ángel.

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