lun. May 23rd, 2022

Por: Antonio Sánchez R.

Seguramente inseguro…

Hace muchos años, Nuevo León se preciaba de ser una entidad con los mayores índices de seguridad en el país. Como polo de desarrollo económico, el estado y su capital Monterrey, en conjunto con su área metropolitana, se preocupaba porque su población estuviera segura, por lo que el nivel de criminalidad era demasiado bajo, con pocos robos, asaltos y homicidios.

Han quedado atrás, olvidados prácticamente, aquellos días en que podías estar sentado en tu mecedora, en la banqueta de tu casa hasta altas horas de la noche o dormir hasta con la puerta abierta, sin temor a que ocurriese algún hecho violento. Hoy, ni se te ocurra hacerlo, no hay nada más riesgoso que estar afuera de tu domicilio o dejarles la puerta abierta a los ladrones.

Hace 15 ó 20 años, era muy, pero muy raro escuchar en la radio o la televisión o leer en los periódicos locales o nacionales noticias relacionadas con la ejecución masiva de personas, hombres o mujeres o con la existencia de cementerios clandestinos a donde irían a parar víctimas de hechos violentos.

Todo eso hoy es el pan de cada día. La violencia y, por ende, la inseguridad se han apoderado de la ciudad de Monterrey, de sus municipios aledaños y de todo el estado en general. Día con día amanecemos, nos despertamos y desayunamos con las noticias de nuevos asesinatos o ejecuciones, a tal grado de que ya pareciera que es algo “normal”.

Leer o escuchar que un grupo de asalto ingresa a un domicilio o a una quinta y ejecuta a todos los ahí presentes ya no nos impresiona. Tampoco nos conmueve que entre los ejecutados haya menores de edad. Todo pasa a formar parte de escenarios un tanto naturales o, como ya advertimos, “normales”, aunque agradecemos que nada de eso esté cercano a nuestro entorno.

Pero es alarmante ver que, aunque los hechos violentos van en aumento, quienes deberían trabajar en que se reduzcan permanecen impávidos, tranquilos y sin preocupaciones y casi “agradecidos” de que los males sean en los “bueyes de sus compadres”. Las autoridades estatales están siendo rebasadas y, la verdad, no dan pie con bola en todo este margallate existente, mismo que pareciera no tener fin.

No es válido aquello de que “se están matando entre ellos” para quitárse de encima una responsabilidad que a todas luces les corresponde. Los jefes policíacos, el secretario de seguridad estatal, Aldo Fasci y hasta el mismísimo gobernador son co responsables en todo esto y urge que ya se pongan a trabajar en serio en la búsqueda de soluciones a esta problemática y si no pueden, pues que renuncien, o no? 

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