mié. May 18th, 2022

Francisco J. Peña Medina

(reportaje especial) 

   El rostro de Laura refleja angustia. Sus ojos reprimen las lágrimas y su mirada destella una tristeza profunda, insondable. Bajita de estatura, morena, de hablar pausado, su voz se quiebra durante la entrevista concedida a este reportero en la sala de su modesto departamento ubicado en un condominio, por la calle Pedro G. Zorrilla, de la Colonia Los Girasoles Segundo Sector en el municipio de Escobedo

  Ella dice vivir en el infierno a causa de Job, un “vecino incómodo” que irónicamente lleva el nombre del personaje bíblico sometido a duras pruebas por Satanás con el permiso de Dios, para demostrarle fidelidad a su Señor.  

   Aquí la historia es al revés. Es Job, el que está condenando a Laura a soportar un doloroso calvario de día y de noche.

    El conflicto inició hace más de un año, cuando Job decide instalar en la cochera de su casa un taller mecánico que se ha convertido-según su vecina-en una “peligrosa bomba de tiempo”.

     A partir de entonces, desde el segundo donde se encuentra la vivienda, Laura y sus tres hijos enfrentan molestias por el ruido y el uso de grasas y combustibles. Pero además, se quejan de las tertulias que Job y sus amigos suelen realizar en la vía pública, bajo el consumo de bebidas alcohólicas y la música a alto volumen.

  “El problema empezó hace más de un año, sobre un taller mecánico el señor se adueñó de toda el área de abajo, se supone que el pasillo tiene que ser libre porque van las ventanas y las tuberías, se intentó hablar con él, pedir permiso para dar mantenimiento a mis tuberías y a mis ventanas y empezó el problema; su esposa es muy agresiva, no me quería dejar, no me daba permiso para pasar”. 

   “Al último, él sí cedió, pero si me dijo que toda la área de abajo era de él, que tenía que rodear, irme por otros condominios para tener que rodear para arreglar mis áreas ahí empezó el primer problema Ok. Después tuvimos otro altercado sobre una tubería de desagüe que va en la lavandería sobre un tubo la señora muy prepotente me insultó, me dijo cosas que ni a caso, aquel momento decidí hacerlo legalmente”, relata Laura.

   El primer intento de solucionar el conflicto vecinal-comenta- fue acudir a una oficina de Mediación dónde se realizó un convenio, a través del cual, se le daría oportunidad a Job de  operar el taller por un tiempo determinado hasta juntar dinero y establecerse en otro lugar fuera de la zona habitacional.

  “Tenemos un convenio dónde se señala que a él le iban a dar chance de que trabajará para que juntara para la renta y se fuera a otro lado, ¿por qué? porque no puede estar aquí, aquí es casa habitación y el señor dijo que si, los dos aceptamos. Yo dije está bien, lo voy aguantar otro ratito pues es su trabajo yo sé que es su trabajo pero también hay que saber dónde y el señor no firmó y aquí sigue”, expresa Laura.

     Fue entonces que, luego de certificar las escrituras de su vivienda, para demostrar que uno de los cajones de estacionamientos invadidos por el taller le pertenece, acudió al Centro de Orientación y Denuncia de la Fiscalía General de Justicia del Estado, dónde a pesar de presentar información documentada que le daba la razón-asegura- la demanda no procedió.

    “Intente hablar por medio de mediación, él dos veces no se presentó el señor (Job), yo quería arreglarlo bien, como no se presentó me mandaron al CODE, en CODE metí demanda, le pidieron a él dos testigos no se para que si yo llevaba mis escrituras donde dice que un estacionamiento es para el área de arriba; el señor dijo que el estacionamiento se lo habían vendido y en las escrituras dice que la dueña del área de arriba tiene un cajón de estacionamiento y el pasillo es libre. No procedió en este caso la demanda”, afirma la vecina.

   Posteriormente presentó la denuncia ante el Poder Judicial de la Federación, sin embargo por el momento no ha tenido resultados. Por ese motivo, señala Laura acudió al municipio de Escobedo y fue esa instancia de gobierno la que “por fin me escuchó” -dice- y se ordenó clausurar el Taller de Job y en ese momento se prendió el infierno para Laura.

   “Le clausuraron y el señor se enojó, empezó a echar indirectas pasa uno y te grita ¡erria!, te chifla con burla, es un abuso un hostigamiento constante. Un día iba saliendo yo y le dice a un vecino todo esto que ves aquí es mío, dónde quiera te puedes estacionar, yo nada más doy permiso, así delante de mí, no tengo pruebas pero yo lo sostengo delante del señor Job”, manifiesta la mujer.

    Madre soltera, Laura dice tener una hija con incapacidad , Ale de 17 años, quien es víctima inocente de hostigamiento y burlas por parte de la familia y los amigos de Job.

    “Tengo una niña especial mi hija es sorda, va un poquito más atrasada de su edad, tiene 17 años, a ella le gustaba ir a la tienda, ella hacia sus mandados todo, pero llegó un día en que ya no quiso salir, le pregunté que porqué, me dijo que porque los de abajo la miran muy mal, la miran muy feo por eso ya no quiso salir a la tienda ¿por qué?, porque los borrachos están ahí. Ella apenas empezaba hacerse independiente”.

    A ese ambiente adverso, se suma el espionaje que Job somete a la familia de Laura, al instalar tres cámaras de seguridad en el entorno donde viven con la complacencia, incluso, de sus vecinos cercanos.

      “Es un momento difícil porque tengo que trabajar, mis hijos se quedan solos y a cada rato les estoy hablando, ya no estoy cómoda he pensado salirnos de aquí pero ¿por qué? si está es nuestra casa. El señor Job puso cámaras tiene tres cámaras, una con la vecina de enfrente él sabe a qué horas entras a qué hora sales, todo. Por qué desde adentro grita ¡erria! o chifla si no está afuera, porque nos ve por sus cámaras”, expresa.

     “¿Por qué tengo que estar así, por qué tengo que vivir así?, Yo lo que quiero es que se termine esto, que se aclare, tengo mis escrituras y fotos de como nos perjudica cuando está el taller abierto, yo soy la más afectada. Que los vecinos se pongan en mi lugar”, clama Laura y en su cara se dibuja un rictus de desesperación.

        Por último, Laura hizo un llamado urgente al alcalde de Escobedo Andrés Mijes Llovera para que sea un intermediario en la solución del problema antes de que el conflicto vecinal se salga de control.

   Cabe mencionar, que al concluir la entrevista, este periodista  comprobó  en carne propia el hostigamiento del “vecino incómodo ”.  Tras concluir la entrevista, tal vez advertidos por las videocámaras, Job y su esposa me esperaban en la banqueta de su casa para despedirse en forma poco amable

    “Mira, mira el chalecudo, el chalecudo”, bufó Job y  junto a su  mujer soltaba una risa burlona. Gajes del oficio.

     Esta historia continuará.

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