sáb. Jun 25th, 2022

Óscar Tamez Rodríguez 

Cuauhtémoc Cárdenas visitó Monterrey presentando su libro “Por una democracia progresista. Debatir el presente para un mejor futuro”, un título sugestivo, el contenido no necesariamente representa el título.

Publicado en el 2021, resulta un gran libro de historia mexicana entre 1910 y 1940 principalmente. En sus últimos capítulos incluye un par de apartados relacionados con la transición entre el final del siglo XX y el arranque del siglo XXI.

A lo largo de la obra se remonta a los momentos de la revolución, sin que por ello haga un parangón con el tiempo presente; se queda en la descripción de hechos de las décadas ya señaladas sin profundizar en los análisis hermenéutico, comparado, interdisciplinario o de interpretación que permita traer al presente los sucesos de la etapa revolucionaria y postrevolucionaria del Cardenismo.

Es en el último capítulo denominado “La recuperación de un proyecto de nación” donde aborda los temas de actualidad, ahí pretende establecer que la revolución mexicana aún continúa y que su lucha no ha terminado.

Esa interpretación del movimiento revolucionaria no es nueva, existen autores quienes hablan de la no conclusión de la revolución y sus reivindicaciones, en lo personal le considero una postura retórica pues la revolución armada, considerada como un movimiento nacional, concluye básicamente con la muerte de Venustiano Carranza en 1920.

Es evidente que todo movimiento social es inacabado, ni la independencia, la reforma o la revolución pueden definirse como movimientos sociales concluidos, claro eso es retórica pues el propósito principal del movimiento se vio coronado.

Es evidente que todo movimiento revolucionario, al considerar reivindicaciones sociales, difícilmente verá coronado el final, la razón es porque los fines generalmente están planteados en postulados filosóficos y teóricos, los cuales al pretender materializarlos se vuelven utopía.

La educación gratuita, obligatoria y universal; es una consigna revolucionaria que será materialmente imposible mientras exista pobreza y marginación. La pobreza y marginación no acabarán mientras mantengamos las desigualdades persistentes hace más de 200 años y tengamos arraigado el principio multicultural como forma de conducta a las comunidades indígenas o pueblos originarios.

Cuauhtémoc Cárdenas lo señala así en su libro: “…la revolución mexicana es un proceso vivo, inacabado, y que su propósito central sigue siendo la edificación de una amplia, sólida y perdurable democracia en México, así como un equitativo y solidario orden mundial.”

Por supuesto que nuestra democracia es inacabada, poco hicieron los presidentes revolucionarios por ella, incluido Lázaro, lo mismo sucedió con los mal llamados neoliberales, aunque es entre 1988 y 2007 cuándo más avanzamos en materia de democracia gracias a la presión social.

Coincido con Cuauhtémoc Cárdenas en la búsqueda de una democracia acorde a la historicidad y cultura mexicanas. Difiero en la necesidad de adjetivarla como “democracia progresista”. Es más, la crítica más firme que plantearía es que por ningún lado define a qué le llama democracia progresista.

Cualquier académico sabe que los conceptos deben definirse, como diría Émile Durkheim: lo primero es definir conceptos.

Un libro interesante del cual esperemos una segunda parte donde abunde en el proyecto de lo que conceptualiza como democracia progresista.

Espero se refiera a una democracia blindada de los vaivenes de las ideologías, donde sin importar que gobierne la derecha o la izquierda, no exista peligro de dictaduras.

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