lun. May 16th, 2022

Clara Villarreal 

¿Por qué son importantes nuestros vínculos?

Encontramos mucha información sobre las relaciones tóxicas que existen entre amigos, familiares y pareja. Es un concepto común y ya nos hemos acostumbrado a que muchos de nuestros vínculos sean nocivos.

La toxicidad muchas veces se extiende a nuestro entorno; es decir, en nuestra casa, en el trabajo y las dinámicas que vamos estableciendo son enfermas. Sin embargo, poco se habla de por qué es importante mantener nuestras relaciones sanas. Pareciera obvio, pero aquello a lo que le dediquemos tiempo y atención crece, por tanto, démosle espacio a hablar de cómo las relaciones positivas son buenas para nosotros y qué debemos hacer para mantenerlas de esta manera.

El propósito de todos nuestros lazos es hacernos bien e impulsarnos mutuamente. Como seres humanos somos sociables por naturaleza y esta red de contactos debe ser un impulso para catapultarnos al crecimiento. Ahora bien, depende del tipo de vínculo será el bien que nos haga, por ejemplo: la familia, cuando sana, nos transmite seguridad, confianza y protección; en el trabajo, potencia nuestro desarrollo profesional, nos hace más llevadera la carga y hasta incrementa nuestra creatividad y producción; en pareja, dado que la cercanía es mucho más próxima y estrecha, todos los beneficios son íntimos, como una mayor sensación de bienestar, compañía, seguridad y, en pocas palabras, amor, puro y simple.

No estoy hablando de relaciones idealizadas. Las relaciones sanas son perfectamente alcanzables, claro, tendrán sus altos y bajos, quizá, hasta sus crisis, pero debemos pensar que, la mayor parte del tiempo nos deben trasmitir paz. Para alcanzar esta sensación en nuestros vínculos existe algo que todos, absolutamente todos, podemos hacer: saber comunicarnos.

Lo principal será mantener abierto el canal del diálogo. Ya sabemos, saludar, preguntar cómo han estado, interesarse en el otro, respetar. No es ciencia de cohetes, son reglas básicas de urbanidad que se nos han ido olvidando. Lo segundo será que la comunicación sea honesta y sensible. Honesta, para transmitir lo que nos gusta e incomoda, lo que nos parece y lo que nos pone en desacuerdo. Y sensible, porque aunque tengamos que comunicar un tema desagradable o reclamar algún comportamiento, y aunque tengamos toda la razón, no hay motivo para alterarse, insultar o lastimar. Si lo hacemos, el otro dejará de escuchar y el canal de comunicación quedará obstruido… por decir lo menos. Lo tercero y último es bajarle 2 rayitas. Con una disposición más amena, menos irritable y más ligera, todas las comunicaciones se verán beneficiadas.

Vale la pena echar un vistazo a las dinámicas que hemos establecido con nuestros seres más cercanos y, en lugar de clasificarlos como tóxicos y abandonar la esperanza, podemos ganar mucho si los sanamos a través de la comunicación. No perdemos nada y tenemos algo muy grande y valioso que ganar, ¿sabes qué es?… se llama felicidad.

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