jue. May 26th, 2022

Óscar Tamez Rodríguez 

En México avanzamos en democracia y con ello la pulverización de los electores a tal que los últimos 5 presidentes, con excepción a López Obrador, llegaron a la presidencia sin legitimidad, con un triunfo de tercios donde ninguno alcanzó la mayoría simple de votos.

Ante la necesidad de legitimar lo legal, el país vivió cuatro grandes reformas democráticas, la de Salinas con la creación del IFE, la de Zedillo donde se ciudadaniza el IFE, Calderón con el voto por voto y Peña Nieto con las candidaturas independientes y el avance a la equidad para las llamadas minorías.

El debate sobre cómo legitimar a los gobernantes revive cada que se acerca una elección presidencial. El gobierno federal envía su iniciativa de reforma constitucional democrática, la oposición coaligada del PAN, PRI y PRD advierten que propondrán sus propias reformas, el albiazul adelanta que impulsará la segunda vuelta electoral.

Ambas propuestas conllevan el peligro de volver al sistema político mexicano de la primera mitad del siglo pasado.

En democracias como la mexicana con pluripartidismo, se debe buscar la forma de legitimar sin que ello nos regrese a los años 60´s del siglo XX en donde se vivía una democracia de mayorías con partido hegemónico y una minoría débil donde se excluían las demás minorías.

La segunda vuelta es una opción socorrida por otras naciones, sin embargo hemos visto que en la segunda vuelta no siempre gana el mejor o el más aceptado de entre todos los contendientes, sino quien más ofrece a las demás fuerzas políticas con lo cual se corrompe la misma legitimidad.

Para el PAN la segunda vuelta es la mejor opción pues de entre los coaligados es la oposición mejor posicionada y con ello, obliga a que se le sumen quienes juegan el rol de excluidos del primero y segundo lugar.

El PAN apuesta a que las izquierdas visibles en México están ya cohesionadas, entiéndase Morena, PT y Verde; las divididas son las fuerzas de oposición, por ello, asumiendo que su candidato obtenga el segundo lugar, podría aglutinar a las demás fuerzas opositoras.

Morena en su propuesta lleva implícito el mismo fin, reducir la vida electoral a un bipartidismo encontrado, olvida que existe una tercera vía donde se evitan los radicalismos llenos de encono y se ofrece una medianía conciliadora.

La propuesta de Morena pretende fortalecer a los partidos políticos que tanto descrédito tienen y someter a los candidatos del 2024 a las siglas partidistas, por supuesto que esto le ofrece ventaja pues la oposición coaligada tiene altos negativos en las encuestas.

Los electores mexicanos hoy día votan por las personas más que por las marcas, tanto a favor como en contra, esa es la realidad que pretenden desaparecer las propuestas de Morena y del PAN.

México no es un país para el bipartidismo, su historicidad lo refleja, en 1825 se consolidan los primeros partidos políticos en las logias escocesas y yorkinas con sus confrontaciones destructivas, la respuesta inmediata fue, en 1826 con el surgimiento de las logias en el rito nacional mexicano, una tercera vía conciliadora, mediadora, unificadora con lo mejor de demócratas y monarquistas.

No es nuevo que la democracia mexicana transite en los medios de la curva en las ideologías políticas, en eso que se llama actualmente socialdemocracia o centro derecha, un rango cercano al centro, sea a su izquierda o su derecha.

Los mexicanos históricamente rechazan los radicalismos, atraen al inicio, pero en poco terminan rechazados y se fortalecen las fuerzas conciliadoras.

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