jue. Sep 29th, 2022


Óscar Tamez Rodríguez
Nos encontramos como en los mejores tiempos de la maquinaria engrasada y hegemónica del priismo, aquella de los años 50´s del siglo pasado donde lo difícil era ser candidato del partidazo, el resto venía en automático.
El fin de semana Marcelo Ebrard se apuró a responder que él ya estaba destapado y mencionado por el gran dedo elector como uno de los precandidatos de Morena, eso, por supuesto le inflamó de emoción al decirlo.
Ser aceptado por el líder moral y formal de Morena y del partido en el poder representa un tercio del triunfo en la presidencia de México, le falta ganar la candidatura y de ahí ser, casi por antonomasia, presidente del país.
Como en los mejores tiempos del priismo unidireccional, qué importa la ley, a quién le importan los tiempos, a quién le importa cuidar las formas. En Morena todo se reduce a que el “jefe” te vea activo, le lleguen buenos comentarios sobre tu persona y él crea que eres la mejor opción; así se movía el priismo de mitad del siglo XX, cuando la oposición era otro priista y no los partidos opositores.
Era como en las agrupaciones sociales en las cuales se elige al vicepresidente quien por prelación asume la presidencia en el siguiente periodo, así que lo difícil es ser vicepresidente. Así sucede con Morena, lo difícil es ganar el corazón del tlatoani, el poder tras y delante del trono.
Marcelo anda desatado, terminó con su timidez “puberta”, salió del ostracismo del gabinete para sumarse al tercio de bendecidos por el jefe del ejecutivo y a la oveja descarriada de Ricardo Monreal.
Violar la ley, insultar a la sociedad y adelantar los tiempos haciendo campaña anticipada parecen ser cosas menores, al fin de cuentas, el jefe dio permiso de moverse y buscar ser el rey o la reina de la kermesse.
Es evidente que Claudia Sheinbaum no pudo, se desfondó, ahora es una copia pirata que hasta se le ve incómoda queriendo parecer lo que no es, al menos eso refleja al pretender ser la versión light del carismático presidente.
Por su parte el titular de Segob, Adán Augusto López, un personaje con más oficio y colmillo político de lo que él mismo aparenta, se subió a la pasarela, todo hace parecer que no alcanzarán sus números para ser un contendiente real, aunque eso poco importa si el gran dedo elector decide que él tiene las cualidades para ser ungido.
Frente a los aspirantes, ya en papel de precandidatos oficiales del partido oficial, designados así por el líder del gobierno y del partido en el poder, tenemos la incertidumbre de nombres frente a las divisiones, los agandalles, la falta de liderazgos emergentes y el secuestro de los partidos por los mismos de siempre, a eso agregue, estimado lector, el descrédito mismo de los partidos y sus militantes.
La hazaña parece titánica, enfrentar la poderosa maquinaria oficial parece una tarea de David contra Goliat, con la esperanza de que se repita la épica bíblica.
La oposición no tiene precandidatos visibles, incluso, los mejores posicionados en las encuestas son los que no representan a los partidos tradicionales, me refiero a los nombres que se ofrecen por las encuestadoras en Movimiento Ciudadano.
La caballada opositora de la alianza PAN, PRI, PRD está flaca y eso mismo hace parecer fornida a la caballada oficial, cuando en otro momento no tendrían nada qué hacer Marcelo y Claudia.
Marcelo y Claudia, ambos vinculados a la tragedia de la línea 12 del metro y a otras desgracias por su actuar como gobierno, hoy se placean y nada parece detenerlos.
¿La disputa es entre los suspirantes de Morena y de ahí rumbo a Palacio Nacional?
 
 
 

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