jue. Sep 29th, 2022

Óscar Tamez Rodríguez
La semana por terminar debe evaluarse como una crisis en el Palacio Nacional. Ante los mismos males, el poder ejecutivo necesitó una dosis superior de distractores, de bombas de humo, eso que llaman cajas chinas y sirven para desviar la atención de los problemas torales en el país.
En una semana salieron desde las entrañas del poder tres cañonazos mediáticos que en su momento habrían merecido páginas y páginas de análisis, de defensas y ataques para la figura del líder moral y formal de Morena, pero ahora, nada, no prenden los cuetes, pareciera que tienen la mecha mojada.
Se habló en defensa de Julian Assange, el autor de los WikiLeaks, se le colocó casi a nivel de mártir de la libertad de información, se le etiquetó como “verdadero periodista”.
Las palabras provocadoras terminaron en vacío, no tuvieron el impacto esperado, lejos al que hubieran tenido meses atrás cuando el sólo hecho de haber surgido en una mañanera, sería hecho noticioso; nada, las palabras pasaron desapercibidas. Creo que mis comentarios en la presente columna son los más extensos en el análisis de la baladronada.
Habría que explicar que Assange no es periodista, sus acciones no surgieron como una investigación de libertad de expresión, sino como una denuncia de quien en su momento fue parte de los grupos que espiaron y violaron la privacidad de los individuos.
Pero esto lo sabe el líder de Morena, lo que no sabía era el vacío que tendrían sus palabras en la opinión pública, incluso cuando afirma que los vecinos del norte deberían regresar a Francia la estatua de la libertad situada en Nueva York. En el mejor de los casos alcanzó algunos memes de baja edición.
Salió fallida la bomba de humo, de inmediato a activar un segundo distractor: Alito. Un personaje que no es querido ni por los priistas (un amplio grupo de liderazgos nacionales tricolores le rechazan). Con la ayuda de la gobernadora de Campeche, continúan las filtraciones. Tampoco marca los puntos necesarios para un buen distractor; allanen su casa en Campeche, tampoco provoca el impacto esperado.
Dos misiles continuos que no provocan ni mofa, los memes son pocos y de mala calidad, no hay las grandes reacciones en la opinión pública.
Las razones para que el asunto del dirigente del PRI no prendiera son muchas, entre ellas, porque el interfecto ya no es mediático. ¿A quién le beneficia hablar de un líder sin liderazgo?, incluso, que termine en prisión no representa una gran nota que supere las 24 horas; entre otros motivos, el PRI no es el partido de hace seis años.
La tercera bomba que se lanza es la acusación contra el intocable Peña Nieto, se le acusa de recibir dinero en efectivo sin origen transparente. Tampoco prende, ¿a quién impacta la nota?
Las tres grandes declaraciones van dirigidas al mismo público, a los fanáticos incondicionales, esos ya están con sobredosis de reforzamiento, la nueva dosis no provoca estímulo alguno.
Otra posible causal del desencanto es que la realidad también impacta a los fanáticos y éstos comienzan a mermar, a perder identidad, despiertan del letargo en el cual estaban, tienen preocupaciones reales en su cotidianeidad superiores a Asssange, Alito o Peña.
Si los bombazos no causaron estragos es quizá porque la violencia real que se vive en el país no se puede ocultar con un distractor, con la caja china. Quizá el enojo en las familias más pobres por la carestía en los alimentos supera el interés por quitar la estatua de la libertad norteamericana. Aplica aquello de: “Primero mis dientes y mi hambre que mis parientes”.
 

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