mié. Oct 5th, 2022

Rafael (Rafa) Elías

De repente en algunos puntos de la historia en diferentes naciones surge una figura que desafía al comportamiento lógico y hasta elemental. Personajes que de alguna manera, sin ser necesariamente inteligentes como parece ser el caso de AMLO, sí son muy astutos y capaces de leer como pocos lo que al gran electorado (ojo, no siempre ni necesariamente mayoritario) hay que decirle, cómo hay que decírselo, y lo más importante: como hacer que ese gran contingente llegue a identificar a dicho personaje como “uno de ellos” aunque no haya evidencia alguna de que se sea el caso.

Y así es como empieza a gestarse el culto y el mito.

Culto, porque llega el momento en que ante toda evidencia que desnuda las promesas incumplidas, que muestra el grave daño que este tipo de gente generalmente causa, que hace patente la serie de embustes que dicha persona lleva a cabo, TODO ESO ES INDSUFICIENTE para que sus seguidores o bien entiendan, o siquiera estén abiertos a escuchar, a ver, a sentirse engañados y defraudados. Como lo están aunque se nieguen a reconocerlo por ser precisamente parte del culto.

Como respuestas a la evidencia, lo más común de los miembros el culto son la descalificación, el insulto las justificaciones y pretextos, y la aceptación como verdad que los chivos expiatorios reales o inventados por el líder del culto son los culpables de todos los males. Del incumplimiento de promesas, de la caída en la calidad de vida, de la gradual desaparición de las garantías individuales, de la erosión del Estado de Derecho, o del creciente autoritarismo. Sólo por mencionar algunos de los elementos comunes a los gobiernos de culto.

Ante esto, “la gente pensante”, aquellos ciudadanos que o cayeron en la trampa, pero ante la evidencia salieron de ella, o quienes lo vieron (lo vimos) venir desde antes de que el jefe del culto llegara al poder, o quienes una vez inmersos en la pesadilla quieren por todos los medios que ésta termine, desafortunadamente se encuentran ante EL MITO.

El mito de que ante alguien que controla tanto poder es imposible de contener; el mito de que el líder del culto tiene el tufo de imbatibilidad y a permanencia; o el mito de que hay que esperar a que su ciclo termine para volver a intentar a normalizar al país.

Me duele decirlo, pero lo anterior generalmente sucede en países con oposiciones apáticas, temerosas, a veces hasta COBARDES.

Son un sector de la población, generalmente mayoritario, que aunque es testigo de daño y el peligro creciente de que se llegue a instalar un régimen de verdad permanente (una dictadura), se encuentran para fines prácticos, PARAALIZADOS.

No porque no haya movimiento, sino porque en movimiento … ¡SIMPLEMENTE NO ES EFECTIVO!

Grupos desorganizados, o mal organizados en una plétora de asociaciones, contingentes y movimientos, donde cada uno rema para su lado sin que la barca se mueva del lugar en que se encuentra, tan cerca del remolino de la destrucción aquel país libre que (aunque sea limitadamente) alguna vez conocieron.

Ante el culto y el mito, no hay más que dos caminos: el pacífico, y el violento.

En el rumbo pacífico, es indispensable la generosidad y el perseguir el bien común por encima de los intereses partidistas, personales, protagónicos, y hasta presuntuosos. Hace falta que, a diferencia de lo que supuestamente la lógica indicaría no haya líderes, sino organizadores; se den alianzas verdaderas en las que se enlisten los puntos en común para que de allí surja la narrativa y el mensaje y al menos temporalmente las diferencias de dejen de lado; donde se reconozcan y se les “de juego” a las personas idóneas para implementar una estrategia fundamentalmente nacida de un contingente masivo ciudadano, BIEN ORGANIZADO Y AMALGAMADO.

Hoy México tiene como presidente a un auténtico tirano; un encantador de serpientes, un merolico que le vende el elíxir de la felicidad los ingenuos, solo para que estos terminen por darse cuenta de que realmente les han vendido el elíxir de la dependencia y el retroceso.

Andrés Manuel López Obrador es el líder del culto de los ilusos, de los necios, de los que quieren seguir siendo ciegos y sordos. AMLO es un ser a todas luces narcisista, terco, que comete actos de estupidez muchas veces en grados incomprensibles, y del que precisamente se puede esperar cualquier “pronto” de idiotez, en una de sus ocurrencias o berrinches que lo único que hacen es dañar profundamente a México, y hacer del país el hazmerreír del mundo.

Sería de esperarse que alguien así fuera fácil de derrotar, si no es que hasta de derrocar.

Pero del otro lado, tenemos a una mayoría que vive creyendo en el mito, a la que no le importa que México arda (literalmente) porque las llamas aún no han llegado a sus aparejos, o simplemente porque quieren todo masticadito o planchadito para simplemente salir (si acaso) a plantar una “X” en la boleta.

Este es el momento de la generosidad, de la organización, de la estructuración de una narrativa pegadora y convincente, de ir pensando en el tipo de candidato que el país requerirá para contrarrestar al aparato del Estado, a las dádivas disfrazadas de programas sociales, a las amenazas, a la extorsión, a la participación del crimen organizado y posiblemente hasta de las fuerzas armadas en una elección en la que el líder del culto, con su ya conocida mala leche, habrá de operar.

Simple y sencillamente, y hablando en plata para todos aquellos que no desean un México como el de hoy, ¡HACEN FALTA HUEVOS!

López, en su maldad intrínseca, los tiene (mientras no salga de territorio mexicano, cuando parece que los deja en Palacio y termina siempre por doblarse).

USTEDES, MAYORÍAS SUPUESTAMENTE PREOCUPADAS …

¿LOS TIENEN?

¡PUES A DEMOSTRARLO, CARAJO!

Por Admin

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