mar. Nov 29th, 2022

Rafael (Rafa) Elias

Una vez más hemos sido testigos de que la única manera de que López Obrador se doble es cuando la presión viene de los Estados Unidos.

Si tomamos en cuenta el número de veces que, tras ponerse “muy gallito” (como diría la Senadora Lillly Téllez,) el presidente ha tenido que recular, que recurrir a alguna maroma de esas que sólo sus más fieles seguidores le creen, o que ha tenido que ceder a las demandas de los vecinos del norte, AMLO parece ya una pieza de origami por sus tantos dobleces.

Desde el gobierno de Donald Trump, quien con un tweet o una amenaza le paraba los tacos a López, hasta la actual administración Biden, observamos varios “cambios de opinión”, como el que tras la visita del Secretario de Estado estadounidense Anthony Blinken, resurge un AMLO nuevamente sumiso y obediente.

Hemos visto la manera en que tras las estridentes amenazas que suele soltar en sus mañaneras, una vez que la voz de los Estados Unidos se hace oír, nuestro presidentito vuelve a “cambiar de opinión” en el mejor de los casos, o a soltar una cortina de humo o una caja china distractora, que es su manera preferida de cambiar de tema.

Solo por mencionar algunos de los dobleces, recordemos cuando AMLO envió decenas de miles de tropas de la Guardia Nacional, de facto sirviendo de patrulla fronteriza para los Estados Unidos de Trump. O cuando soltó la barbaridad de desmontar la Estatua de la Libertad, cuando amagó con salirse del T-MEC, o cuando proclamó a los cuatro vientos que en el discurso del 16 de septiembre establecería su postura respecto a su contrarreforma eléctrica y la controversia que esta ha causado debido a las flagrantes violaciones al Tratado de Libre Comercio.

Contamos con un presidente pequeñito que en Washington fue incapaz de exigir algo al presidente Biden (mucho menos desmontar la Estatua, por supuesto, o incluso mencionar la liberación de Julián Assange.) En cambio, quiso ofrecer una aburridísima (y larguísima) “clase de historia” al presidente estadounidense quien no tuvo ningún tapujo en corregir a López no una, sino tres veces.

En el segundo caso, confirmando que en política no existen las coincidencias, Anthony Blinken llegó a México con la misión “oficial” de participar en la serie de diálogos económicos de alto nivel (DEAN), llegando incluso a decir apenas unas semanas atrás que probablemente ni siquiera se reuniría con AMLO.

Sin embargo, vimos cómo claramente el Secretario de Estado traía en su agenda el advertir a López de posibles consecuencias en caso de que éste fuera a soltar otra barbaridad en el discurso de independencia. Esto nos permitió atestiguar la manera en que la presión del vecino del norte siempre hace que AMLO vuelva doblarse y, por ejemplo, cambie el tono para informarnos que siempre no hablará de la soberanía ni del T-MEC en su discurso, sino que en su lugar, mandará un mensaje dedicado a la paz mundial.

Mi conclusión no puede ser otra que el afirmar, de manera estrictamente personal, que para mí (y me atrevo a elucubrar que para muchos de ustedes también) es una bendición contar con que el gobierno estadounidense finalmente esté prestando atención a lo que dice y hace López Obrador.

Es una fortuna contar con las inversiones del norte, presentes y, deseablemente futuras, porque debido a éstas el gobierno de Estados Unidos defenderá sus intereses económicos contra viento, marea, y AMLO.

Sería un sueño también que ejerciera una verdadera y palpable presión sobre López en temas como la educación, la salud, la seguridad, el estado de derecho y la defensa de las instituciones. Pero ahí sí, para resolver esos temas, los mexicanos estamos solos, y tendremos que organizarnos bien, porque no contaremos con ayudas extranjeras. A menos, tal vez, que un gobierno diferente al de Morena establezca lazos de cooperación integral con nuestro vecino del norte.

Eso, ni AMLO ni sus “corcholatas” quieren, pueden, o saben hacer.

Por Admin

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.