sáb. Dic 3rd, 2022

Ixtoc Hinojosa Gándara

En aquellos años de la segunda mitad de los ochentas y la primera mitad de los noventas, cuando cursé mis estudios de primaria y secundaria me enseñaron que el color verde de la bandera de nuestro país significaba esperanza, aunque ahora durante todo el transcurso del sexenio obradorista este verde de la bandera toma un tono muy cercano al verde olivo, el color característico de las instituciones castrenses o militares para decirlo coloquialmente. Podemos ver que a paso lento pero muy firme avanzamos hacia una militarización de la vida pública del país, esto sin demeritar el alto prestigio social que tienen tanto soldados como marinos, pero desgraciadamente nos tenemos que atener a la historia de otros países que así avanzaron hasta llegar a una dictadura. Ejemplos de la anterior hay muchos, Chile, Argentina, Venezuela, Nicaragua y muchos más, aquí recae la importancia de que los ciudadanos de este país nos demos cuenta que el hecho de que la milicia este en tantas tareas ajenas a la vocación para la que fueron creadas, no es un buen camino a elegir.

Cada vez vemos más militares en tareas que deben ser de civiles, como el servicio de aduanas, el control de puertos, la construcción de aeropuertos e inclusive el control del aeropuerto más importante de nuestro país, el aeropuerto Benito Juárez de la Ciudad de México. También construyendo el más ecocida de los grandes proyectos de este sexenio, el tren Maya. Tras platicar con algunos miembros de estas organizaciones. me dicen que en muchas de estas tareas su vocación militar e inclusive su propia educación y formación los hace conscientes de que sus funciones están siendo objeto de una muy grosera falta de respeto por parte del Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, el Presidente de la Republica. Por obvias razones y en base al respeto mutuo y la amistad que nos une, me reservo los nombres de las personas enunciadas en las líneas anteriores.

Además de lo anterior, somos testigos de un gran atropello a nuestra Constitución, al tratar de ceder el control absoluto de la Guardia Nacional a la Secretaria de la Defensa Nacional, transitando en contra de lo que marca el artículo 21 de nuestra Carta Magna, el cual menciona que todas la instituciones de seguridad pública, como lo es la Guardia Nacional, deberán ser de carácter civil. Desgraciadamente fuimos otra vez engañados por el ejecutivo federal al ver que desde un principio se nombró un titular de esta institución a un militar en retiro, donde todos sus coordinadores territoriales son militares y más del ochenta por ciento de sus elementos provienen y siguen siendo miembros del Ejército o de la Marina. Aunado a lo anterior la Ley para la creación de la Guardia Nacional, a principios del dos mil diecinueve especificaba que debía fortalecerse las policías estatales y municipales, hecho que no ocurrió y no vemos indicios de que ocurrirá en un futuro próximo. Tal vez a esto se deba la iniciativa del PRI para postergar la presencia de las Fuerzas Armadas en las calles durante cinco años más después del veinticuatro, hecho que no escapa a la especulación de que pudo haber sido pactado a cambio de impunidad para el líder nacional priista, Alejandro Moreno, mejor conocido como “Alito” o tendremos que empezar a llamarlo “Amlito”.

Por tanto podemos concluir que la presencia militar en todas la calles de nuestro país es un hecho que no trae buenos augurios, sinceramente espero equivocarme en esto. Aquí es donde recae la responsabilidad de todos nosotros, la de todas y todos los ciudadanos de defender la democracia y sus instituciones hasta las últimas instancias 

Por Admin

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