jue. Sep 29th, 2022


Rafael (Rafa) Elias

El grito desgarrador de la madre que ve cómo la vida de su hija de cinco años se le escurre entre las manos, víctima de una bala perdida disparada en medio de una disputa entre bandas criminales;
El grito desesperado del padre de familia que no sabe si con su salario de hoy, sus hijos van a poder comer tres veces este día, o mañana, o al día siguiente;
El grito de impotencia de la familia que ve cómo su hijo va cediendo un poquito de vida minuto a minuto, segundo a segundo, por falta de medicamentos contra el cáncer;
El grito desesperanzado de la familia que ve cómo pasan los días, las semanas, los meses, sin saber del paradero de su hija desaparecida aquel nefasto día hace ya tanto tiempo;
El grito desencantado del migrante que ve cómo tiene que trabajar cada día más, muchas veces en condiciones infrahumanas, para poder enviar a su familia un poquito más de dinero en remesas porque a ellos cada día les alcanza menos incluso para las necesidades más básicas;
El grito que exige, sin respuesta, que los sindicatos saquen las manos del proceso educativo, que la Secretaria de Educación tenga un mínimo de preparación, y que los hijos no sigan rezagándose en conocimientos y herramientas no solo en México, sino respecto al resto del mundo;
El grito enérgico de esa Senadora de la oposición que reclama ante el pleno la arbitraria, dictatorial, autoritaria y peligrosa militarización del país;
El grito indignado de esos millones de mexicanos que sin ser clasistas ni racistas, se ven insultados por su propio presidente por el simple hecho de ser opositores;
El grito de ¡Ya Basta! de la gente que reclama a este desgobierno el permitir que se rompan todos los récords de homicidios dolosos, de desapariciones forzadas, que siga la inútil política de “abrazos, no balazos” y el avance irreductible del crimen organizado permeando todas los espacios civiles y políticos, ante el beneplácito, o por lo menos la inacción de esta supuesta administración;
El grito “maiceado” de “¡Presidente, Presidente!” cada vez que alguna de las llamadas “corcholatas” salen de sus cómodas (y seguras) oficinas, conformando la que es posiblemente la peor terna de presidenciables jamás vista antes en México (a excepción de la candidatura de López Obrador);
El grito de hartazgo de saberse engañados, de ver la manipulación descarada de los “otros datos” timando a los más vulnerables, los más resentidos, y los más crédulos, en ese ejercicio diario de adoctrinamiento que es la famosa “mañanera”;
¡Cuántos gritos!
¡Cuánta desesperanza y cuánta tristeza!
Esos son los gritos de hoy, porque lejos quedó aquel México por el que tantas veces se gritó ¡Viva!
Hoy ese México ya no existe.

Por Admin

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