mié. Sep 28th, 2022


Óscar Tamez Rodríguez
Luego de 426 años del repueblo al valle de Extremadura por parte de Diego de Montemayor, hoy celebramos como la fecha oficial el surgimiento de esta gran metrópoli que en la actualidad alcanza las dimensiones que se le asignaron por el otrora teniente gobernador del Nuevo Reino de León.
En 1596, si atendemos como veraz la llamada Acta de Fundación del 20 de septiembre; Montemayor estableció que la ciudad ocuparía el territorio de un cuadrado con 15 leguas a cada lado.
Ubiquemos el punto del repueblo en alguna zona del barrio antiguo, a un lado de Juan Ignacio Ramón u otro lugar posible en el primer cuadro de la ciudad, las 15 leguas se alcanzan en una distancia aproximada de 72 kilómetros.
Una legua contiene 4,828 metros, por consiguiente, las establecidas para cada lado alcanzan 72,420 metros desde el punto de origen. Al norte los límites de la ciudad metropolitana llegarían aproximadamente hasta Mamulique, un poco más delante de Salinas Victoria y Ciénega de Flores; al sur tocaría los límites de Allende, al oriente alcanzaría a Los Ramones y al ponente, un poco más delante de la cuesta de los muertos o límites con Ramos Arizpe.
La actual zona metropolitana se conforma por más de 14 municipios y fácilmente cubre la mayor cantidad del territorio previsto por Montemayor.
El mérito de la fundación no es de Montemayor, hay una fundación previa de 1583 donde los pobladores deben abandonar el poblamiento por las decisiones unilaterales del virrey Manríquez quien, por conflictos económicos y políticos con Luis de Carvajal, ordena retirar a los soldados de la villa de San Luis, con la sabida consecuencia donde los indios cobran revancha a los abusos recibidos.
La fundación de Diego de Montemayor es ilegal y en su caso fue una osadía que pudo haberle costado la vida, pero finalmente logró cimentar un pequeño caserío que se mantuvo en firme casi dos décadas.
En 1625 se otorga la capitulación del Nuevo Reino de León y el nombramiento de gobernador a Martín de Zavala, con él se da el desarrollo y crecimiento de la ciudad que ya no se detendría, claro, con los altibajos naturales de todo agrupamiento social.
Nace como una ciudad minera, criadora de ganado mayor y menor, donde se cultivaban, además del trigo, otros alimentos para el autoconsumo de la ciudad.
El comercio de indios para el trabajo en las minas produjo un crecimiento económico importante, éste a la par con los ataques de los grupos indígenas por la misma razón del crecimiento.
A mitad del siglo XIX se favoreció el impulso con base al comercio, el entonces gobernador Santiago Vidaurri traficaba con Texas, incluso durante la revolución interna en ese país. Se consolidó como un aliado importante de los confederados, eso motivó el intercambio.
Para finales de ese siglo y con la presencia del ferrocarril, la vocación industrial se enmarca en industrias como la fundidora de fierro y acero, la cervecería y otras que contribuyeron a acrecentar el nombre de la Sultana del Norte dentro y fuera del país.
El siglo XX será primordialmente para la industria. Pero ahí no quedarían sus transformaciones.
A fines del siglo XX y en la actualidad, se vuelca en una ciudad de servicios, lo mismo en el ámbito de la salud, finanzas, educación o entretenimiento. Sus universidades son de prestigio internacional, los centros hospitalarios compiten con algunos de EUA y su vocación en espectáculos le permite hacer de esta industria un sector prioritario.
Lejos queda la ciudad que inició con chozas y migrantes, hoy Monterrey es plural y cosmopolita, ejemplo de pujanza y desarrollo.

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