mié. Sep 28th, 2022

Charlas de Taberna

Por Marcos H. Valerio

  • Finalistas de Premio Primera Novela 2022, a su estilo escriben truculentas novelas

Entre los escritores jóvenes más destacados encontramos al jalisciense Eduardo Sangarcía, de quien se recordará su primera novela, fue galardonada con el Premio Mauricio Achar 2020, y ahora es una de las cuatro finalistas de Premio Primera Novela 2022.

En ella narra que Anna Thalberg, es sacada a la fuerza de su casa y llevada a la ciudad de Wurzburgo, ya que deberá enfrentar un juicio por brujería instigado por sus vecinos y dirigido por un feroz inquisidor. Mientras permanece recluida en la torre de brujas, su marido y el sacerdote de su aldea harán lo imposible por librarla de la hoguera.

Brujas, hombres lobo, espíritus familiares y hasta un demonio que teologiza se dan cita en estas páginas, pero su presencia es insuficiente para ocultar el verdadero horror: la inmunidad de las instituciones y la maldad arbitraria que anida en el corazón del ser humano.

Otra de las destacadas jóvenes cuentista, poeta, editora y violinista, es Laura Baeza, quien a través de su libro “Niebla Ardiente”, expresa como el recuerdo de su infancia y juventud de Esther se reduce a la enfermedad mental de su hermana, a los cuidados necesarios y a las precauciones siempre insuficientes. Luego, a su desaparición y asesinato.

Entonces, ¿cómo es posible que su figura se le aparezca en la pantalla? ¿Cómo podría ser esa mujer, en medio de disturbios en la sierra hidalguense transmitidos por la televisión española, su hermana víctima de feminicidio?

“Niebla Ardiente” de la autora oriunda de Campeche, es una estremecedora novela que habla sobre la pérdida, el duelo, el amor, y sobre todo, la culpa y la necesidad de pedir perdón.

Otra obra que supera la ficción, es “Pompeyo Muerto”, de Marcela García Machuca, donde narra como Teresa debería estar tomando café alistándose para ir al gimnasio, pero no es así; está secuestrada en una casa de seguridad bajo la custodia de El Chulo, quien la obliga a escribir la historia de su familia, sobre los años en que su padre hizo su capital, reviviendo su propia juventud en los ochenta y noventa, y terminando por cuestionar el presente.

“Pompeyo Muerto” de la autora regiomontana, no es la historia de un secuestro, ni la de una familia rica, tampoco la de un amor impresentable. Explora el sentido humano de la desigualdad: de los que consiguen cambiar su condición de pobreza y de quienes nunca lo logran.

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