jue. Dic 8th, 2022


Raúl Guajardo Cantú
Pocas instituciones en el país cuentan con el respeto y la admiración de los mexicanos como el que se han ganado las Fuerzas Armadas, FFAA, del país. El Ejército y la Marina son instituciones en que la gran mayoría de nosotros confiamos por su profesionalismo y por la entrega que han mostrado en las labores que les han sido encomendadas por la Constitución y por el Estado mexicano.
Su lealtad a México ha llegado a tal grado que han puesto en riesgo su propio prestigio y su institución con tal de cumplir con las órdenes presidenciales, ya que les han sido encomendadas labores que se encuentran fuera de los límites constitucionales a los que han de ceñirse las Fuerzas Armadas.
Precisamente por esa lealtad que ha mostrado la milicia es que se ha buscado la forma de protegerla cambiando algunos artículos de la Constitución para cubrir los quehaceres encomendados.
Pese a todo, es claro que los militares están formados para enfrentar situaciones de guerra o de emergencia, como las que requieren del Plan DN III, no para ejercer labores policiales, no para prevenir el delito, sino para combatir. Precisamente esa formación es la que, en ocasiones, deriva en situaciones en las cuales los Derechos Humanos de los ciudadanos se ven violentados.
Consideramos que no resulta conveniente que las FFAA se mantengan por siempre en labores que no les son propias, aunque se cambie la Constitución, sino que, se mantengan en las calles solo el tiempo necesario para construir un sólido entramado de policías locales que permitan el combate al crimen y cuyos integrantes estén formados en el respeto a los Derechos Humanos.
Los Derechos Humanos deben estar por encima de cualquier otra consideración.

Por Admin

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.