sáb. Dic 3rd, 2022

Óscar Tamez Rodríguez
Violar la Constitución mexicana se ha convertido en deporte nacional, le llamo deporte porque no pasa nada y todo se resuelve con interpretaciones de su texto, es un acto lúdico más que patriótico.
Las constituciones son el único mecanismo con el cual cuentan las democracias para no terminar en anarquías, oclocracias o tiranías, gracias a ellas, el pueblo (esa masa amorfa e invisible) regula y limita a los miembros de su sociedad a quienes les confiere el poder (sus gobernantes).
México vivió inestabilidad constitucional durante el siglo XIX, entre 1814 y 1900 tuvo al menos 10 o 12 constituciones o documentos considerados constitucionales.
La primera es la de Cádiz que entra en vigor en 1814 durante poco más de dos meses, la de 1814 de Apatzingán que también tuvo vida efímera ante la imposibilidad de consolidar su aplicación.
Ninguna tuvo vigencia en todo el país, pero conforme al derecho constitucional se reconocen como Constituciones.
En las de 1821 a 1823 aplican los documentos de Agustín de Iturbide y los emitidos previamente a la Constitución de 1824, ésta es la primera de la república federal, democrática y representativa.
Vendrían otras como las de 1836 y 1842 para llegar a la de 1857, considerada una Constitución liberal lo cual no lo fue tanto, lo verdaderamente liberal serán las reformas constitucionales implementadas durante la etapa histórica de la reforma.
Las violaciones continúan y culminan en la imposición del dictador Porfirio Díaz, por ejemplo, la reforma de 1904 en la cual modifica el período de gobierno de cuatro a seis años y revive la figura del vicepresidente, extinta en la Constitución del 57.
Las violaciones a la Constitución son signo inequívoco al arribo de gobiernos tiránicos o autoritarios. Si profundizamos en las modificaciones del siglo XIX podemos observar que la mayoría fueron para encumbrar y entronizar al gobernante en turno.
La mexicana se considera una Carta Magna rígida, es decir que no puede ser modificada con facilidad, sin embargo, la vigente, la de 1917, refleja cómo los gobernantes han encontrado la forma de adecuar el texto constitucional a su personal interés.
En la teoría los gobiernos y gobernantes se deben ajustar a la Constitución, en la práctica, la máxima ley del país se reescribe al antojo de los gobernantes en turno, llevando al Estado y el desarrollo del país en un péndulo que oscila de un lado al otro.
Cada que se reforma la Constitución para aplicar en beneficio del gobierno y el gobernante en turno, se está violando el precepto de no modificarle en beneficio propio, lamentablemente para la nación, esto no aplica en la realidad.
En los recientes 40 años, el texto constitucional se ha modificado más que en los 65 años previos. Las modificaciones superan el 57% de las 748 reformas al texto de la Carta Magna aplicadas hasta mayo del 2021.
En el gobierno de Carlos Salinas fueron 55 artículos reformados, con Ernesto Zedillo 78, Vicente Fox 31, Felipe Calderón 110 y Enrique Peña 155 modificaciones, el actual gobierno de Andrés Manuel López lleva 55 reformas al 28 de mayo de 2021.
Cuando las reformas operan en beneficio del mismo gobernante o contra el espíritu de la Constitución, entonces se está violando la misma y eso, eso es un deporte muy practicado por nuestros mandatarios.
Acomodar la máxima ley de los mexicanos a modo de un gobernante representa una violación al principio de legalidad del mismo texto constitucional. Pareciera que acomodarla a gusto personal es practicar el deporte favorito de los gobiernos autoritarios.

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