mar. Nov 29th, 2022

Abel Moreno López

Hace tiempo, hurgando en el Archivo y Biblioteca del H. Congreso del Estado de Nuevo León, encontré un decreto mediante el cual se declaraba el 23 de octubre de 1953, como Día de Duelo.

La simple fecha me llevó de inmediato a recordar viejas lecturas en el periódico El Porvenir, en el almanaque Previsión y Seguridad y en el opúsculo Muerte en el Aire, por lo menos, sobre la tragedia aérea ocurrida en la Sierra de Picachos jurisdicción de Higueras, Nuevo León, -inicialmente identificada por los órganos informativos de la época, como la “sierra de Mamulique”- donde murieron varias personas entre ellos periodistas y entre éstos, el célebre personaje conocido como Carlos Septién García, entonces al servicio de El Universal.

Era el mes de octubre, un día como hoy 19, fecha señalada para un doble evento de carácter internacional en la Nueva Ciudad Guerrero, Tamps., por una parte la inauguración de la Presa Falcón y por la otra, la Entrevista entre los Presidentes Dwight D. Eisenhover de Estados Unidos y Adolfo Ruiz Cortines de México. Un día de fiesta al que acudían invitados y personajes de ambos países y desde luego captaba la atención de la prensa nacional e internacional.

Monterrey, situado a unas horas de la ubicación de la Presa y del lugar señalado para la entrevista fue elegido, sobre todo por quienes provenían de la capital del país para asistir a sendos eventos.

Quiso el destino que un avión destinado a transportar principalmente a periodistas encontrara su trágico destino aquel día, en un paraje de la sierra de Picachos.

Las primeras informaciones señalaban que posiblemente habían sido dos aeronaves las que habrían desaparecido, una de ellas que transportaba a los periodistas y la otra en la que iban miembros de un grupo de danza así como instrumentos y materiales del Instituto de Bellas Artes que se utilizarían en un festival en honor del presidente norteamericano, sin embargo, pronto se reportó que este avión propiedad de Petróleos Mexicanos, que había salido de Monterrey a las 6:55 tuvo que aterrizar a los veinte minutos por haber presentado desperfectos.

Sobre el otro avión, propiedad de la Fuerza Aérea Mexicana, un bimotor Douglas C3, algunos medios relataron así la grave noticia: “Informase que el avión despegó a las siete horas y quince minutos del Aeropuerto del Norte, de la ciudad de Monterrey, enfilándose hacia el noroeste, pero transcurrió el tiempo reglamentario para su arribo a la Nueva Ciudad Guerrero, sin que se recibieran noticias de su paradero. Por ello se inició una intensa búsqueda sobre su ruta, creyéndose en los primeros momentos que hubiera tenido que hacer un aterrizaje forzoso o bien que hubiera ido a aterrizar al otro lado de la frontera”.

“No obstante, más tarde se localizaron sus restos calcinados sobre la serranía de Mamulique, según informó un piloto de la Fuerza Aérea Mexicana que tomó parte en la búsqueda.”

En esta tragedia fallecieron, según menciona el decreto que se comenta: los periodistas: Lic. José García Ruiz, Francisco P. Carriedo, Carlos Violante, Humberto Manzabe Góngora, y J. Clifford Safley (norteamericano); Piloto y periodista Lic. Carlos Septién García; CPA. Benito Romero Rebollo; Co-piloto de la nave Cap. I. Mario Trejo Zenil, Sargento 1º. Arnoldo Valdes Solórzano; Camarógrafos: Raúl Rojas López y Miguel Espinosa; Mecánico del avión y músico, Alfredo Muñoz; y Musicos: Felipe Rosas Pacheco y Ramón Galván,

La LIII Legislatura al Congreso de Nuevo León emitió el Decreto No. 61 considerando que la tragedia aérea ocurrida en la serranía de Picachos había consternado profundamente al país, llenando de luto hogares de la República Mexicana y de los Estados Unidos de Norteamérica, asimismo señala que los periodistas, tripulantes y demás personas que viajaban en el avión que formaba parte de la comitiva del presidente de México, se encontraban en el cumplimiento del deber y al servicio de la patria, honrándola y prestigiándola con su actividad, por lo que el Congreso, a nombre del pueblo que representaba e interpretando su sentir, declaraba el día 23 de Octubre de aquel año, como Día de Duelo en el Estado, suspendiéndose las labores en las oficinas públicas estatales y municipales.

Asimismo ordenaba rendir “tributo de admiración y respeto a tan esforzados ciudadanos” que murieron en la tragedia y para cuyo efecto, sus restos serán velados en la capilla ardiente que se instale en el Palacio de Gobierno.

Firmaron aquel decreto los diputados: Desiderio Galarza B., presidente y Oscar de la Fuente y Benito Villarreal, secretarios.

Un episodio doloroso de nuestra historia política que acontecido hace 69 años, les comparto en este día… Hasta la próxima

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