sáb. Dic 3rd, 2022

Monterrey.- Aquí en Monterrey la cuna de la onda grupera se cumplen 41 años de la presentación de Rigo Tovar y su Costa Azul, en el lecho del Río Santa Catarina, antes miles de fanáticos del cantante de Matamoros.
El afluente seco que atraviesa seis municipios de la zona metropolitana, y que ha provocado inundaciones en distintas épocas, también ha sido testigo de la presencia del Papa Juan Pablo Primero en enero de 1979, con un millón de fieles católicos, y del cantante Rigo Tovar, que el 21 de octubre de 1981 fue ovacionado por unos 400 mil seguidores de su música y canciones.
Uno de los organizadores del eventos, el abogado y catedrático Jesús Villarreal Martínez, en ese entonces dirigente de las juventudes priistas, recuerda que la asistencia fue de entre 450 y 480 mil personas.

Las cifras son avaladas en los medios de comunicación locales y nacionales de país época, incluidas las revistas de espectáculos.
Esta en el recuerdo de Villarreal y cronistas locales que en ese año de 1981, la radiodifusora XEBJB del Grupo Radio Alegría, buscaba instrumentar un programa para llevar grupos musicales a las colonias, dirigido por el locutor Pedro Arturo Ortiz, pero no fue autorizado por falta de presupuesto.
Con Jesús Villarreal Martínez colaboraba en las juventudes priistas un joven de nombre Enrique Ruiz, quien hacía sus inicios en la radiodifusora, por lo que contacta al dirigente con Ortiz, para intentar instrumentar el programa, y que la organización política aportaría todo lo necesario para llevar los grupos a las colonias.
Pondrían tarimas, sonido, perifoneo y las mantas del evento; los volantes se repartirían con la promoción de la Juventud Revolucionaria del PRI, por lo que, se logró presentar varios grupos como Los Barón de Apodaca, Los Broncos de Apodaca, hoy Bronco y muchos otros.

Luego Villarreal Martínez, lanzó el reto a Pedro Arturo, hasta que finalmente después de varios días, lograron el objetivo de traer a Rigo Tovar y su grupo Costa Azul, un proyecto avalado por el entonces gobernador Alfonso Martínez Domínguez.
“Desde media mañana habían llegado algunos jóvenes de las colonias ubicadas en el Cerro de la Loma Larga, como Independencia, Nuevo Repueblo, Alfonso Reyes ‘La Risca’, y todas las del Cerro de La Campana”, escribe el cronista de Monterrey, Leopoldo Espinosa Benavides.
Recuerda que las mediodía ya se ubicaban cientos de jóvenes de municipios metropolitanos, y a las 20:00 horas la inédita concentración humana estaba en punto de ebullición, con muchos jóvenes disfrazados de Rigo y algunos de ellos con guitarras para ambientar las rolas de ‘El Sirenito’ tamaulipeco.

Los responsables de seguridad estatal estaban mortificados debido a que eran demasiados jóvenes inquietos, y en cualquier momento podrían provocar una gran trifulca.
A las 21:30 horas Rigo Tovar arribó al sitio bajando una rampa por la avenida Independencia (hoy Morones Prieto), acompañado por el organizador del magno evento, Jesús Villarreal Martínez,
Rigo utilizó todos sus recursos histriónicos y su gran carisma cuando cantó sus dos canciones más apetecidas:
‘Mi Matamoros Querido’, y ‘El Sirenito’.
Aquello se convirtió en un manicomio, las juveniles gargantas se forzaron cantando – gritando al máximo volumen… y bailando todos; nadie escuchaba sin moverse al ver en vivo a su ídolo Rigo Tovar, rememora.

Al día siguiente del evento, Rigo Tovar y Jesús Villarreal Martínez, ofrecieron una conferencia de prensa en apoyo al candidato del PRI a la Presidencia de la República, Miguel de la Madrid Hurtado.
Luego, el artista le regaló a Villarreal Martínez el traje que utilizó en el evento, incluidas sus botas, como un agradecimiento por haberle organizado ese evento, el más importante de su carrera, ya que pese a su popularidad jamás pensó tenerlo.
El traje del artista fue obsequiado a la empleada doméstica de los padres de Jesús Villarreal, quien era ferviente fanática de Tovar, pero lamentablemente no se supo dónde quedó.
“Ya estaba bien caliente el público con ‘¡Oh qué gusto de volverte a ver!’, y ‘Mi amiga, mi esposa y mi amante’, cuando comenzó a redactar su testamento: _‘A Asunción le dejo aquí mi corazón; a María toda mi alegría; un millón de abrazos para Concepción; a Teresa toda mi tristeza; a la fiel Leticia todas mis caricias…’ la multitud cantó a coro absolutamente toda la canción, y las chicas que se llamaban María, Concepción, Teresa, Leticia y las demás que eran ‘afortunadas’ por aparecer en el testamento de Rigo Tovar, gritaban desaforadas y los jóvenes que las rodeaban les hacían círculos para que bailaran”, rubrica el cronista de Monterrey.

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