sáb. Dic 3rd, 2022

Por Salvador Hernández LANDEROS

A partir de esta noche de viernes, en diferentes sectores del área metropolitana habrá festivales, reventones y pedigüeños, ataviados con disfraces y harapos.

Para algunos es una “fiesta pagana”, para otros una “vieja costumbre”. Pero para otros representa una “oportunidad” para, sin pena, pedir golosinas.

No vamos a exhortar a nadie que modere el festejo o diversión. Tampoco a que si toma no maneje. Y mucho menos que se mida al ingerir alcohol.

Eso corresponde al cuidado de los padres de familia, o a la responsabilidad de los mismos jovencitas y jovencitos que acudan a algún lugar.

Las autoridades harán su labor preventiva como obligación o deber, para evitar que haya víctimas colaterales por culpa de un ebrio o desobediente.

Los dueños de negocios están ávidos de que, después de dos años de pandemia, estas noches sus antros se abarroten. Es pago semana y quincena.

Para quienes delinquen la mesa estará servida. La alegría, la diversión y la embriaguez, convierte a las personas en víctimas propiciatorias del delito.

La labor preventiva de las autoridades es también porque podría andar mucha gente en la calle, por las avenidas, en vehículo y otros a pie.

En barrios pobres o populares que colindan con colonias residenciales, en estás noches podría haber riesgo al andar, “en parvada”, mujeres con sus hijos.

No van a andar disfrazados de bruja o brujo. Vestirán ropa habitual o la clásica “para salir”. Con carmín o lápiz de la ceja de la madre, pintarán su cara.

A esas “parvadas” hay que cuidar. A los menores compartirles algo, es una oportunidad para ellos, con su cara pintada, pedir y ocultar su vergüenza.

chavalolanderos@yahoo.com.mx

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