sáb. Dic 3rd, 2022


Prof. Roel Guajardo Cantú
Randy Pausch, en un video titulado “La última lección”, el cual puede verse en YouTube, cuenta que en una ocasión una persona a quien admiraba tanto académica como profesionalmente le preguntó: ¿y tú qué sabes hacer? A lo cual contestó un tanto desconcertado: “doy clases de programación”, pero la persona con la cual conversaba le dijo “no fue eso lo que te pregunté”.
La anécdota viene al tema porque hoy las empresas están comenzando a
preguntar a quienes solicitan algún puesto laboral: ¿y tú qué sabes hacer?, no le
preguntan si tiene un título académico, quizá eso lo harán después, sino cuáles
son las habilidades que tiene y que le permitirían desempeñarse en un puesto
de trabajo.
¿Qué sabes hacer? Es hoy la pregunta básica. Tanto para los individuos como para las naciones y las regiones.
Un ejemplo global de esto nos lo presenta Ashlee Vance quien en la biografía que
escribe acerca de Elon Musk asegura que a muchos que solicitan un trabajo en
Tesla o Space X, el propio Musk les presenta un problema, generalmente de programación, para que lo solucionen ahí mismo, a la máxima velocidad posible y generalmente les requiere más de 150 líneas de programa, de solucionar correctamente el problema planteado además de mostrar oficio y creatividad en la respuesta, depende su contratación.
Esto no quiere decir que posteriormente no se revise su historial académico, el cual se considera como una especie de plus, pero lo principal es su capacidad para hacer algo, de mostrar pericia en un tema en específico y no
necesariamente de mostrar los conocimientos teóricos que posea.
Es una forma de preguntar al solicitante ¿Y tú qué sabes hacer? Pero yendo un poco más allá, es decir, solicitando que muestren lo que saben hacer.
Algo similar pasa con las regiones, según ha señalado en distintas ocasiones Macario Schettino, en México, para poner un ejemplo los estados ubicados al sur del paralelo 20 han mostrado un crecimiento menor al registrado por los estados al norte de este. El comparativo se establece a partir de 1995, un año después de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio para América del Norte, TLCAN.
El motivo del crecimiento menor registrado en los estados del sur se debió a que, siempre según Schettino, estos se dedicaban a la extracción de materias primas, conocidas como commodities, principalmente el petróleo, en tanto que los estados del norte comenzaron a generar productos manufacturados para exportación, aprovechando precisamente el TLCAN.

Unos se aferraron a un mundo económico que estaba siendo desplazado, en tanto que otros mostraron flexibilidad y se reinventaron.
El punto que deseamos destacar es que hoy los requerimientos de la industria hacia sus futuros empleados están cambiando conforme avanza la tecnología y con ello están cambiando al mismo tiempo los resultados que la sociedad en general y la industria en particular, piden a las escuelas.
Por supuesto que este cambio trae consigo desfases y desencuentros las instituciones educativas ofrecen dos tipos de aprendizaje a los alumnos que se corresponden con dos tipos de servicio a la sociedad.
El primero de los servicios que ofrece la escuela a los alumnos y a la sociedad
consiste en proveer, de manera organizada, los conocimientos básicos, los que sirven a los niños y jóvenes como el soporte mínimo necesario para enfrentar la realidad en que deberán moverse el resto de sus vidas.
Es precisamente gracias a esos saberes mínimos como los niños y jóvenes se
apropian del conocimiento o de un método para alcanzar y apropiarse de estos,
que como sociedad hemos construido.
Junto a este servicio se ofrece otro no menos importante, el cual consiste en formar una serie de hábitos y valores que la sociedad considera, valga la redundancia, valiosos, tanto desde el punto de vista social, como económico. Por supuesto que hablamos de la disciplina de trabajo, de la capacidad para respetar y cumplir horarios, normas, reglas y trabajar en equipo, resiliencia y liderazgo para
resolver problemas.
Al primero de los aprendizajes, el de los contenidos, lo conocemos como currículum o plan de estudios y es el que siempre se declara, el que se presenta abiertamente a los alumnos y a la sociedad, en tanto que el segundo es el llamado currículum oculto, el que se lleva a cabo sin muchas veces hacerlo de forma consciente y mucho menos declarada.
Tanto uno como otro son una forma de reflejar el intercambio que se presenta
entre el sistema educativo y la sociedad en su conjunto.
Durante casi todo el siglo pasado, el currículum oculto tenía como objetivo el de
formar las características necesarias para trabajar en un tipo de industria caracterizada por la producción en masa, cuyos requerimientos eran básicamente disciplina para seguir órdenes y para trabajar durante periodos prolongados en labores rutinarias, los conocimientos básicos, como leer, escribir y algo de matemáticas, para cuando fuese necesario leer instructivos.
La tecnología está cambiando los requerimientos de la industria y con ello lo que se requiere del sistema educativo y, mientras la educación, en tanto sistema, no
esté a la altura de las nuevas necesidades sociales, se verá el desfase que Brayan

Caplan hace patente y del cual deduce que debe desaparecer la educación y que
el sistema educativo es un desperdicio de tiempo y dinero.
Pero no es así, al menos no desde nuestra perspectiva.
Hoy vivimos un periodo de producción de conocimientos y de creación tecnológica tan explosivo, que por mucho que se afane, el sistema educativo irá a la zaga con respecto a ese proceso, aún las universidades de avanzada y de mayor prestigio en el mundo se ven rebasadas por lo que se realiza en el ámbito empresarial.
Aclaramos, no quiere decir que las instituciones educativas, en específico las
universidades, no contribuyan a ese movimiento que se está presentando en el
ámbito tecnológico, de hecho muchas colaboran en él, mediante convenios con
las empresas, es solo que su contribución ya no es necesariamente la determinante en el mundo, si es que en algún momento lo fue, sino que las empresas y su búsqueda de nuevos mercados están empujando en una
determinada dirección y las universidades deberán tomar decisiones al respecto,
decisiones que habrán de tener consecuencias buenas y malas, pero que no se pueden prever del todo.
Como lo señala Klaus 5chwab, vivimos en la era de la Cuarta Revolución Industrial, la cual se caracteriza por su velocidad para llevar los nuevos inventos y las nuevas tecnologías directamente al ámbito de la producción.
Por poner solo un ejemplo, cuando se cambió de motores a vapor por motores eléctricos, las fábricas pasaron por un periodo que se calcula en 50 años para explotar la nueva tecnología al máximo, hoy las nuevas tecnologías dan resultados casi de inmediato o son sustituidas por otras casi en tiempo real.
Y si hoy nos asombra la velocidad con la cual la tecnología está cambiando, deberíamos poner atención a lo que señala Peter Diamandis en su libro “El futuro va más rápido de lo que crees”, en donde desarrolla el concepto de la convergencia, según el cual, cuando distintas tecnologías llegan a cierto grado de madurez y pueden interactuar entre sí, lo que sucede es que el proceso tecnológico no solo avanza rápido, sino que se acelera la llegada de ese futuro y, según Diamandis, eso produce que el crecimiento de la tecnología se torne exponencial.
La pregunta pertinente para la educación es ¿cómo se asimila ese crecimiento exponencial en el proceso educativo?
¿Cómo puede la educación técnica en este contexto, colaborar con la sociedad
para desarrollar la economía regional?
La respuesta parece sencilla aunque su puesta en marcha no lo sea: siendo
flexible y evolucionando, o tratando de hacerlo, a un ritmo similar al que
evoluciona la tecnología.

Esto parece utópico, pero no lo es, resulta algo que puede estar a nuestro alcance
en la medida en que pensemos, como se dice, “fuera de la caja”, es decir, fuera del marco convencional, siendo creativos, pero sobre todo, flexibles.
Los sistemas educativos, por su propia naturaleza como emisores de certificaciones de saberes, títulos, requieren de seguir ciertos protocolos, como por ejemplo, establecer planes de estudio, reglas para cambiarlos y, en el caso de planes de carácter nacional o regional, la rapidez con la cual pueden cambiar no es la más óptima.
Mientras esto sucede, el mundo sigue caminando a su ritmo mientras la escuela
continúa al suyo, de ahí los desencuentros.
Andrés Oppenheimer describe muy bien la pérdida de empleos en distintas partes del mundo debido a la irrupción de la tecnología que sustituye a los seres humanos por robots e Inteligencia Artificial en su libro, titulado adecuadamente
¡Sálvese quien pueda!, con un subtítulo que acota el contexto: “El futuro del trabajo en la era de la automatización”.
Oppenheimer documenta la forma en que se van perdiendo cierto tipo de trabajos, surgen otros y, muchos de ellos son realizados de forma automatizada.
Según Macario Schettino, en su libro “El fin de la confusión”, las formas de creación de riqueza están cambiando, y si bien existe preocupación, principalmente entre los tomadores de decisiones y creadores de políticas públicas, debido a que no se están creando suficientes empleos, deberían de
dejar de sufrir ya que esos empleos no se crearán más, de hecho señala: “la relación productiva en la que una persona trabaja cinco días a la semana, ocho horas diarias, a cambio de un pago quincenal o semanal, y de ciertas prestaciones, eso ya no seguirá existiendo”, es decir, tiende a la desaparición.
Por supuesto que Schettino no dice que ya, desaparecerá totalmente el empleo,
pero señala que lo hará y las relaciones económicas para la generación de riqueza
tomará otros formatos, nos recuerda que el trabajo asalariado no ha existido durante todas las etapas de la humanidad, sino apenas en los últimos 200 años, así que no es precisamente el “estado natural de las cosas”.
La escuela en su forma actual tampoco es “el estado natural de las cosas” sino que constituye el producto de una determinada forma de ver la realidad, es una respuesta a las necesidades de una época.
Pero la época está cambiando, hoy efectivamente las fábricas emplean robots
para, por ejemplo” pintar los automóviles que se producen, con una gran calidad y escasos errores, en cierta medida, igual o de una mejor manera a como lo hacen los seres humanos.

Pese a ello, el ser humano continúa siendo parte importante del trabajo actual, como lo señala Yuval Noah Harari, por ahora el trabajo conjunto entre la Inteligencia Artificial y el ser humano, la mayor parte de las veces formando un equipo, es la norma hacia donde se dirige la realidad, sin embargo, nos advierte Harari, esto no necesariamente significa que las cosas sigan así por siempre, ya que es probable que la tendencia cambie y la lA se transforme en la fuerza laboral
predominante.
De ser ese el caso, muchos seres humanos pasarían a la categoría de “clase irrelevante” según la define el propio Harari, al no tener una función en el mundo económico y, por ende, en el político.
Ante esta situación qué puede hacer la escuela para desarrollar la economía de
las naciones o de las regiones. Aunque parezca paradójico con respecto a lo que
estamos comentando, la escuela técnica puede formar a la fuerza laboral de alta
calidad que hoy requieren las empresas y formarla de manera tal que sea atractiva para empresas que hoy por hoy pueden trasladar sus fábricas y plantas a cualquier lugar del mundo con la finalidad de aprovechar las ventajas que se les ofrecen en un mundo globalizado como el nuestro.
En este punto hemos trabajado en instituciones de educación técnica de
formación para el trabajo y el emprendedurismo durante poco más de siete años, hablo de una institución de educación media superior, preparatoria, que busca
formar profesionales técnicos para la industria, de ahí nuestra preocupación
principal y experiencia.
Independientemente de los que se considera como los fines de la educación, su teleología, deberíamos ofrecer a los alumnos una oportunidad para alcanzar la movilidad social que, se supone, debe ofrecer el sistema educativo.
Este objetivo, desde nuestra perspectiva, pasa por la obtención de un trabajo que
les permita a los jóvenes generar ingresos suficientes para tener una vida digna,
tanto para ellos como para sus familias y continuar sus estudios superiores.
Y eso no se obtiene con trabajos que paguen el salario mínimo, sino con trabajos
cualificados. Para alcanzar tal fin debemos analizar lo que las empresas de la región requieren para instrumentar una oferta educativa ad hoc o “trayectos técnicos”, donde los técnicos de la empresa y la academia de la institución se reúnen, mueven la currícula para formar un profesional técnico a medida de lo que la empresa requiere, con las habilidades, competencias, herramientas y equipo de última generación que usa la misma empresa.
Con el propósito de que la formación del profesional técnico sea la más robusta
posible se deben de construir alianzas con empresas globales como Electude , Microsoft o Siemens, cuyo software, Solid Edge, de diseño asistido por computadora en tercera dimensión permite que los alumnos hagan prácticas virtuales desde la casa con tecnología que usa la mayor parte de la industria en el mundo lo cual le da un plus a los alumnos a la hora de buscar empleo en el mundo de trabajo, donde por cierto, hay instituciones de Conalep que han logrado grandes porcentajes de colocación de sus egresados, con empleos bien remunerados y en un porcentaje superior al de las Universidades el cual en lo general no llega al 35 por ciento.
Pero es necesario ir más allá, avanzar en la cultura de la certificación, mediante la
cual se acortan los tramos educativos, insistir en la formación de profesionales técnicos resulta fundamental si se quiere mejorar el entorno económico de una región o un país.
Es cierto que la educación superior abre panoramas de carácter intelectual que
pueden ser considerados “mejores o más deseables”, puede ser no lo negamos,
pero tengamos en cuenta que no se puede tener una vida digna si se carece de
una base material que la haga posible y hoy salvo contadas excepciones, esto no
está sucediendo en nuestra región, es decir, no son por ahora las universidades la vía de acceso a empleos mejor remunerados.
Más cuando la educación superior llega a formar a personas que al salir al mundo
laboral encuentran que este no es para el cual fueron formados, que la realidad se desplazó hacia adelante mientras ellos estudiaban carreras que ya no coinciden con lo que la sociedad exige, hay que plantearse cambiar el mundo académico, o por lo menos accesar a las certificaciones que este ofrece.
Por ello consideramos que países como México y regiones de Latinoamérica,
deben impulsar una educación técnica con base en la cultura de la certificación,
lo que hará posible que se genere un clima que promueva la inversión en el país o la región, además de otro tipo de políticas públicas que van más allá del ámbito educativo.
En resumen, en un mundo en el cual las grandes empresas pueden mover sus
factorías hacia lugares en los cuales encuentren condiciones que favorezcan su
desarrollo y su éxito, las instituciones educativas pueden colaborar en atraer
dichas factorías al formar el capital humano necesario para que ello suceda.
Consideramos que ese es el factor fundamental en la realidad que
nos toca vivir.
Sabemos que no es una sola la variable la que define o da pie a la decisión de
instalar una fábrica en un determinado lugar, sino que deben converger una serie
de factores, fiscales, legales, los servicios, la tenencia de la tierra, pero sin el capital
humano necesario, lo demás puede carecer de sentido en un mundo de consumidores que exigen productos de alta calidad.
Formar el capital humano con altas capacidades constituye la forma en la que
las instituciones educativas pueden convertirse en el factor decisivo para el
desarrollo de las economías regionales o nacionales.
Conalep ya está en la ruta, actualiza continuamente su oferta educativa,
construye trayectos técnicos e impulsa la certificación de curso cortos nacionales e internacionales de impacto directo a la carrera con la que egresan los estudiantes a fin de estar en correspondencia con las nuevas necesidades del mundo de trabajo. Las Universidades deberán de hacer lo mismo, moverse rápido y actualizar con certificaciones a sus egresados.
Más allá de eso, las instituciones educativas deben tener claro que el resto de los
factores no se encuentran en sus manos ni dentro del ámbito de su capacidad
de decisión, en todo caso, lo que se puede hacer es trabajar de la mano con las
autoridades que sí toman o para que tomen las decisiones de políticas públicas conducentes
Concluyo este texto con una reflexión suscitada por la lectura del libro “El planeta
vacío”: si bien hoy se piensa que la globalización permite el desplazamiento de
bienes y capitales de forma libre, no así el de las personas, el caso es que, si analizamos detenidamente las estadísticas poblacionales del mundo en su conjunto, quizá no pasen muchos años para que las migraciones de los países menos desarrollados hacia los más desarrollados económicamente hablando no solo no sean ya un problema, sino la solución a la falta de personas económicamente activas en estos últimos.
Si eso sucede, como seguramente sucederá, quienes se encuentren más capacitados para asumir los retos tecnológicos en el mundo laboral, serán también los más beneficiados, ese es, al mismo tiempo, el reto y la oportunidad.

Por Admin

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