mié. Dic 7th, 2022

Rafael (Rafa) Elías
7 de noviembre de 2022

Desgraciadamente para los Estados Unidos, para México, y para Centro y Sudamérica, la administración Biden ha sido un verdadero desastre. Desde su incapacidad para llevar a la mesa de negociación a los líderes de Rusia y Ucrania, o el total fracaso de la salida de las tropas estadounidenses de Afganistán, lo que propició que los Talibanes se hicieran del control de ese país.
El permitir, sin tomar acción alguna, diplomática o económica, que todo el continente, desde el Río Bravo hasta la Patagonia se pinte de socialismo, en muchos casos con tendencias Castro-Chavistas, pero en todos los casos siguiendo los lineamientos retrógrados de Foro de São Paulo.
Esto, con todas las consecuencias sociales y económicas que ya se empiezan a sentir, sobre todo en la frontera entre México y los Estados Unidos, con migrantes no sólo mexicanos, sino también venezolanos, hondureños, haitianos, y hasta africanos cruzando ilegalmente la frontera en números nunca antes vistos y que superan ya varios millones.
La inacción de Biden y su gabinete y congreso demócratas en lo que se ha convertido en una verdadera crisis migratoria, la inflación que, aunque es fenómeno mundial, EE. UU. no ha podido controlar siendo la economía más grande del mundo y a pesar de las constantes y fuertes alzas de las tasas de interés de referencia.
La drástica política energética, establecida desde el primer día de su gobierno, que, mediante prohibiciones y políticas punitivas, hizo de los Estadios Unidos pasar de ser un país no sólo autosuficiente, sino exportador de hidrocarburos, a ser un país que ha vuelto a requerir de las importaciones de crudo de naciones hostiles como Venezuela o Iraq.
La incapacidad de haber invertido a tiempo en aquellas áreas donde las cadenas de suministro fueron afectadas; o su política nefasta del manejo de los puertos, con decenas de barcos llenos de carga esperando turno para descargar por falta de estibadores y exceso de regulaciones.
En pocas palabras, repito: la administración Biden ha sido hasta ahora, un rotundo fracaso.
Y el Congreso en manos de los demócratas (con mayoría en la Cámara de Representantes y empate 50/50 en el Senado, pero con el voto de calidad de la vicepresidente Kamala Harris) pasivo, aparentemente desinteresado, con poca o nula influencia sobre el ejecutivo (al que dejan actuar con total libertad).
Un congreso cuyos miembros demócratas muestran total apatía y que están más preocupados por quién será su candidato presidencial en el 2024 dado que más del 70% de los demócratas no quieren que sea Biden, en lugar de preocuparse por la tremenda gama de problemas domésticos e internacionales por la que está pasando el país.
En total contraste, han sido los congresistas republicanos los que han demostrado interés por resolver esos problemas.
En el caso concreto de México, han puesto el dedo en la llaga al exigir (sin éxito al no recibir eco de los demócratas) que se refuercen las políticas de combate al crimen organizado, tanto en su vecino del sur como en su propio territorio.
Ha sido un gobernador republicano el que ha declarado a las organizaciones del crimen organizado que operan en México y ya cuentan con múltiples células operando en territorio estadounidense, como organizaciones terroristas, y ha solicitado al gobierno federal (al inactivo Biden) hacer de esta propuesta una nacional.
Han sido los republicanos los que han condenado constantemente a Nicolás Maduro y se han opuesto a que EE. UU. le compre petróleo. Han sido los republicanos los que no han cedido ante el embargo a Cuba para no darle respiro a la brutal dictadura de Díaz Canel (títere de Raúl Castro).
En suma, han sido los republicanos los que han actuado para tratar de resolver los problemas que aquejan a los Estados Unidos, e incluso al continente americano en su totalidad.
Pero al no contar con mayoría en las Cámaras, han sido incapaces de que sus propuestas resolutivas sean aprobadas por la mayoría legislativa demócrata.
Una victoria en las dos Cámaras y en los estados que están en juego, les dará a los republicanos la palanca que necesitan para ser tomados en cuenta por este ejecutivo inepto y pasivo.
Tienen las fórmulas correctas, las políticas adecuadas, la mano dura, y las soluciones (algunas amargas, pero soluciones al fin) para por lo menos aminorar los graves problemas que enfrentan en su país y en el mundo.
¡QUE GANEN LOS REPUBLICANOS EN LAS ELECCIONES DE MAÑANA!
Y para el 2024, ya veremos. Dependerá de quienes sean los candidatos de cada partido.
Pero cruzaremos ese puente cuando llegue el momento.
HOY, vuelvo a repetir: que ganen los republicanos.

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