mar. Feb 7th, 2023

Óscar Tamez Rodríguez
Entre el 9 y el 12 de diciembre de 1531 se da el misterio católico de la aparición de la Virgen de Guadalupe en el cerro del Tepeyac a Juan Diego en lo que hoy es CdMx.
La aparición tiene múltiples connotaciones. Las religiosa, política e histórica son las de mayor impacto y por supuesto que más controversia puede provocar.
Anticipo que soy practicante del católico-guadalupano; acudo como millones, a la oración, la plegaria, la invocación cuando siento que el agua me llega al cuello, soy creyente de la trinidad y de la intersección de los santos ante Dios, en una palabra, soy guadalupano como decenas de millones en América Latina.
No por ello, cegado a la información que ubica la aparición en una construcción de los españoles para sojuzgar a los prehispánicos, si esto fuera, finalmente la parte del dogma queda en la Fe individual y las definiciones históricas en el quehacer del estudio con método y rigor.
Existen múltiples reportes que pueden validar ambas hipótesis: la de la construcción de los españoles y la del milagro divino. Entre los historiadores que apoyan en alguna forma la segunda, está Ernesto de la Torre Villar.
El misterio de la trinidad, del Dios espíritu, la presencia de una Diosa madre y un Dios hombre cohabitando entre los seres humanos no es exclusivo del cristianismo, sin embargo, es en él donde se evidencia la trinidad de un Dios padre, un hijo y una madre estrechamente vinculada a ambos.
En el cristianismo encontramos elementos adoptados de otras culturas diferentes al judaísmo, no por ello implica que fuese una religión copiada, es la más representativa de las monoteístas con implicaciones político-gubernamentales.
En Mesoamérica antes de la llegada española, la religión era politeísta, donde había un Dios patriarca o principal, una Diosa madre y el hijo de ambos. Así Quetzalcóatl nace del Dios del cielo y la Diosa de la madre tierra.
El Dios hombre, un personaje barbado, blanco, más cercano a la fisionomía de los españoles que a los prehispánicos, caminó por la región, su presencia y enseñanza alcanza las civilizaciones mexica y maya, entre otras.
La explicación de Quetzalcóatl como sinónimo de Jesús, es una construcción de los primeros evangelizadores que quisieron dar una versión indigenista sobre la conquista de los españoles y su imposición evangelizadora.
Guadalupe como adoración, es una representación de la Virgen María ubicada en la zona de Extremadura, desde donde venían muchos de los primeros conquistadores, incluido Hernán Cortés que según Bernal Díaz del Castillo, le dio el territorio del cerro del Tepeyac a Gonzalo de Sandoval, quien edifica una pequeña capilla o ermita dedicada en adoración a la Virgen de Guadalupe, por ser la patrona en Extremadura.
Lo cierto como hecho consumado es que la Virgen de Guadalupe se convierte en el elemento de cohesión a dos culturas con gobierno teológico, uno politeísta y el otro monoteísta.
En ella los prehispánicos encuentran consuelo pues Guadalupe viene a representar a la Diosa, Tonantzin, madre de la tierra a quien acudían desde grandes distancias a adorar en peregrinación y que se empata con la madre de Quetzalcóatl en un símil de María y Jesús.
Es la presencia de Guadalupe tan fuerte que los mexicanos somos más guadalupanos que jesuitas, tanto que seguimos encontrando su presencia como líder y guía del pueblo siglos después de la aparición. Recordemos el estandarte de Miguel Hidalgo.
Cual sea la verdad histórica, hay una verdad tangible, evidente. Para el pueblo católico es Guadalupe la madre cálida, abnegada, la que cura, cuida y protege.

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