mar. Feb 7th, 2023

Clara Villarreal

Más allá de lo que imaginan. Una sonrisa puede ser una carta de presentación, una manera amigable y agradable de presentarnos ante los demás. Significa alegría, contento, satisfacción. Muchas veces también empatía, cariño y amistad. La sonrisa es el accesorio perfecto para el rostro. Sin importar el color, la forma o hasta la ausencia de dientes, la sonrisa nos abre las puertas entre amigos, familiares y hasta desconocidos. Ciertamente, una sonrisa tiene poder. Tanto así, que nos puede engañar. Detrás de una sonrisa puede haber más de una intención pura y transparente. Hay quienes mienten viendo a los ojos y con una sonrisa radiante. Los estafadores son expertos en el tema, pero también hay otro perfil, el de personas con un profundo dolor interno, que son capaces de esconder bajo una apariencia de alegría. En lo personal, me sorprende demasiado esa habilidad para ocultar la tristeza detrás de un rostro alegre. Pues se trata de la llamada “depresión sonriente”. Es decir, es una enfermedad emocional donde la persona está deprimida: su sentido de valía está alterado, su visión del mundo y del futuro es fatalista, existen alteraciones en el sueño, el hambre, el pensamiento, asimismo pueden aparecer otros malestares físicos como dolor de estómago, afectaciones en la piel. Sin embargo, en la depresión sonriente todo lo anterior se esconde bajo una sonrisa. Quien vive con depresión sonriente tiene la capacidad de disimular perfectamente cómo se siente. No muestran sus verdaderas emociones ni comparten aquello que les inquieta. Pueden pasar días, semanas o meses evidenciando una alta energía, disfrute y felicidad, pero en realidad lo están falseando. Lo más difícil de la depresión sonriente es que, cuando quien la padece se encuentra solo, y no tiene que fingir, los síntomas depresivos se agudizan. Sufren en silencio. Tal es el caso de tWitch, DJ en el programa de Ellen DeGeneres quien recientemente nos sorprendió con la noticia de su muerte a los 40 años. El también bailarín y coreógrafo iluminaba el programa con su espíritu, siempre fue un padre ejemplar y muy buen esposo, según se lee en la prensa, pero dentro de sí, estaba agonizando. A mí me dejó en shock pensar que al verlo en un momento cumbre de su vida en realidad lo estaba pasando tan mal que vio que la única salida, a su depresión sonriente, era el suicidio. Es muy difícil detectar este tipo de padecimientos especialmente en personas de cierta generación. Nuestros padres no recibieron ningún tipo de educación emocional y, para hacerlo todavía más complicado, tenían súper estigmatizado ir a terapia. Para los Boomers, ir al psicólogo (o peor aún, al psiquiatra) era para personas locas. Por mi parte, siempre he sido una ferviente defensora de la terapia. Quizá no nos enseñaron de pequeños cómo identificar y manejar nuestras emociones, pero de adultos tenemos esa responsabilidad. Así como el ejercicio prepara nuestros músculos para tener un cuerpo más fuerte y sano, la terapia prepara nuestra mente para tener estabilidad y salud emocional. Nuestras emociones, heridas, traumas y dolores no se curan solos. No es cierto que “el tiempo lo cura”. Las heridas se sanan en terapia. Ahora que llegamos al final del año, te hago una invitación a reflexionar sobre cómo nos hemos sentido, cómo hemos expresado (o reprimido) nuestras emociones. Ojalá lo hagamos, para tomar consciencia de nuestro sentir y vivir vidas más sanas y plenas. Estos son mis deseos para el 2023. Twitter: @claravillarreal

contacto@claravillarreal.com

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