mar. Feb 7th, 2023

Óscar Tamez Rodríguez

Para la 4T el tren Maya es una obra clientelar que le suma votos de pobres quienes se beneficiarán de su construcción. Progreso + pobres = votos para el populismo electoral manifiesto por el presidente.
Eso no impide que conlleve beneficios económicos en la zona. ¿Habrá un costo ambiental? Sin duda, toda acción que modifica el hábitat natural de un entorno termina por modificarlo.
Lo ideal sería que no dañara el ecosistema, lamentablemente las posturas encontradas entre la necedad del gobierno y la obstinación de algunos grupos politizados nos invitan a escoger entre blanco y negro, cuando la realidad es en tono de grises.
Según el líder de la 4T, la operación del tren estaría para 2023, eso es imposible, al menos en Yucatán, si vemos los avances en las obras donde la corrupción está presente.
En diálogo con personas en la obra, confirmaron que la corrupción es parcialmente causa del retraso y motivante para los sobrecostos. La hay con el retiro de materiales en camiones de volteo; con quienes se dialogó en algunos puntos distintos de la construcción, se infla el número de camiones que sacan material en las zonas de vías, por cada veinte camiones, al menos hay uno o dos que son fantasmas.
Significa que por cada veinte camiones que se deben pagar, al menos uno es falso. Igual, otra persona dedicada a la construcción confirma que a él le han ofrecido materiales como concreto y fierro a bajo costo, materiales sacados ilegalmente de las obras en el tren Maya.
La corrupción no es novedosa, en su caso, sorprende por ser supuestamente una obra manejada por la inmaculada 4T y el ejército.
Sobre el daño al entorno, sólo agregaré que es el “costo por el progreso”, el cual pagaremos como se paga en Nuevo León con la contaminación del aire donde se alcanzan indicadores alarmantes, como se paga en la contaminación de mantos acuíferos en el entorno de la sierra madre o como se destruyen ecosistemas. Duele, sí, pero es el llamado “costo del progreso” del cual todos queremos abrevar.
Lo innegable es el beneficio al ego del líder en la 4T, su nombre estará vinculado al progreso de la zona y sus kilómetros de vía férrea construidos.
El ferrocarril inició en México en “1837 con la construcción de la primera línea ferroviaria que pretendía enlazar el puerto de Veracruz a la capital de México” (www.inahchihuahua.gob.mx), es lógica la ruta trazada, el comercio internacional del naciente país era por Veracruz y Acapulco, principalmente.
Décadas después, con Porfirio Díaz, que se detona el ferrocarril como medio de transporte, comunicación y comercio. Ana García Fuentes en su artículo publicado en www.igeograf.unam.mx refiere: “Al inicio del régimen de Díaz el país contaba con 666 km de vías férreas; a su fin, en 1910, la red era de 19,528 km que representan el 80% de la longitud total existente en nuestros días”.
Según información del gobierno hay 23,389 km de vías de las cuales 3,861 se construyeron entre 1910 y 2022, por tanto, los 1,525 km que recorrerá el tren Maya es la mayor cantidad de vías construidas en al menos 70 años, si no es que más.
El tren perdió la batalla contra el asfalto. El último intento de revivir el uso del tren fue con Salinas de Gortari cuando, entre otros, se activa el Pullman, un tren de lujo para pasajeros. Con Ernesto Zedillo se venden los activos ferroviarios.
La historia dirá si se impone el daño al entorno al bien social o si pasa el líder de la 4T como el gran desarrollador de la península de Yucatán, por lo pronto urge detonar la economía de la zona.

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