mar. Feb 7th, 2023

Roel Guajardo Cantú

Hace unos meses se presentó el nuevo modelo educativo que podemos enmarcar bajo el título de la Nueva Escuela Mexicana, NEM, en él se propone que el alumno aprenda acerca de su realidad y, a partir de ese aprendizaje, se apropie de los contenidos educativos de una manera distinta a las propuestas actuales, según las cuales cada materia debe ser aprendida de forma individual, segmentada.

Se trata de una gran apuesta, de lograr lo que se denomina conocimientos de convergencia, es decir, de la forma en que las distintas ciencias interactúan en la realidad, quizá en la frontera entre ellas. Al mismo tiempo, se trata de que dichos conocimientos se obtengan de una forma práctica.

Es, para decirlo en palabras de Thomas S. Kuhn, un cambio de paradigma, más aún, un cambio de paradigmas, así en plural. Trataremos de explicarlo.

El primer paradigma que se deja de lado es el de la estructura curricular. Actualmente el currículo se plantea en función de materias o de grupos de ciencias, las cuales son tratadas por separado: lenguaje, matemáticas, ciencias naturales, ciencias sociales, etc. Además se pasa por alto los contenidos de formación humanista.

Como corolario del anterior paradigma, la evaluación se realiza con base en exámenes de “contenidos”, es decir, se da por hecho de que en la medida en que un concepto sea retenido por el alumno, en automático le será posible aplicarlo en su vida cotidiana. Este es el segundo paradigma que se deja de lado, el de la evaluación.

Precisamente por esta característica es que se considera que la actual es una educación memorística y que sirve solo para acreditar o “pasar” los exámenes.

Con el nuevo paradigma, el conocimiento será aprehendido en la medida en que sea aplicado en situaciones concretas, solucionando, por ejemplo, problemas reales de la comunidad. Este nuevo paradigma tendría como sustento didáctico el llamado método de proyectos integradores y traería consigo una nueva forma de evaluar. En otra ocasión escribiremos acerca de ellos, por ahora nos enfocaremos a un tercer cambio de paradigma que es consecuencia de estos dos.

A nuestro modo de ver este puede ser considerado como el eje de esta nueva visión de la escuela: la manera en que se prepara a los maestros, tanto a quienes ingresan a las escuelas formadoras de docentes, como a quienes ya se encuentran en servicio.

Antes de analizar las consecuencias de este cambio en la formación de docentes, consideramos necesario destacar que actualmente se forma a los docentes en las escuelas normales básicas, que es donde se prepara a los maestros de educación primaria, en las normales para educadoras, en donde se forma al personal de educación preescolar, en las normales superiores, enfocadas en la educación secundaria, en tanto que la educación media superior generalmente recurre a maestros de secundaria, egresados de la Universidad Pedagógica Nacional, UPN, de los Centros de Actualización del Magisterio, CAM, o a profesionistas universitarios habilitados como maestros.

Con la reforma de la Nueva Escuela Mexicana, NEM, al desaparecer esos ciclos y las diferencias en la forma en que se enfocaba cada nivel educativo, se genera un impacto en la formación de maestros que es necesario tomar en cuenta.

El anterior paradigma exigía que los maestros de educación básica, primaria, fueran una especie de “generalistas” por lo que a los conocimientos de las materias se refiere y también por lo que respecta a la parte didáctica de su formación.

Los maestros de educación preescolar se formaban para estimular lo que se consideraba como antecedentes de la primaria, en tanto que los maestros de secundaria estudiaban algún área específica de conocimiento y su didáctica correspondiente.

Ahora los maestros deberán tener otro tipo de formación, esta sí destinada a todo el ciclo de la educación que va desde lo que antes se identificaba como preescolar hasta la educación media superior.

Deberán ser capaces de identificar las diferentes necesidades sentidas por la comunidad y, a partir de ellas, elaborar proyectos ya sea para presentar soluciones a ellas o para entender la dinámica de estas en la comunidad.

Además de este tipo de formación, los maestros deberán ser capaces de identificar los saberes necesarios para la resolución de las problemáticas identificadas como prioritarias y derivar de esos saberes la forma en que los alumnos los asuman como parte de su formación, esto es, que sean conscientes de los saberes que están utilizando para solucionar los problemas.

Como puede observarse, este tipo de quehacer didáctico trae alineado un nuevo tipo de evaluación, ya que no puede evaluarse de la misma forma en el método de proyectos que en el paradigma anterior en donde una prueba escrita, un trabajo o un cuestionario, se podía considerar suficiente para obtener una evaluación.

La formación científica y social que requiere este tipo de trabajo docente es mucho más compleja que la anteriormente requerida, ya que a la par de los conocimientos científicos se requiere de conocimientos sociales, de investigación de corte antropológico y también de metodologías pedagógicas y didácticas.

La NEM requiere de maestros más capacitados, con un manejo más sofisticado de las técnicas de evaluación, de las estrategias pedagógicas y los recursos didácticos, pero al mismo tiempo, más involucrados con las comunidades, con los alumnos, lo cual, en contraparte, debe reflejarse en una efectiva revalorización social del trabajo docente, que traiga consigo mejores remuneraciones.

El tema es de alto interés y da para más, porque el maestro es el centro de la ecuación educativa en la formación de las nuevas generaciones.

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