Gabriel Contreras
Son allegados al poder oficial mexicano que alzan el vuelo y son captados en lujosas tiendas de ciudades japonesas, o viajando en primera clase a Paris, o tomándose un café en Portugal. Ellos arremeten contra supuestos espías que se han prestado a denunciarlos. No hay tal cosa. Si hoy pueden ser captados los viajantes y los dispendiosos del segundo piso de la administración al estilo sureste, eso se debe básicamente a cuatro factores.
1. El legado del cyberpunk, que posee una ruta tecnológica y un estilo propio para obtener información de cualquier tipo por las buenas o por las malas.
2. El desarrollo de la videovigilancia, que permite localizar y ubicar en tiempo real a quien sea, independientemente de sus conexiones con la riqueza y el poder.
3. La fragilidad del blindaje de las redes sociales tal y como operan el día de hoy en relación con los procesos de encriptado y codificación.
4. El riesgo de que las imágenes y las informaciones se distribuyan a causa de una o varias personas a las que les gusta singularmente el ejercicio del chisme.
Sigan culpando a hackers que no existen o a espías que habitan en la imaginación. La verdad detrás de esos viajes y esos excesos es evidente, pero ni siquiera es un delito, es simplemente un exceso, caprichos de nuevos ricos, complejos de gente que por primera vez en su vida tiene más de 500 pesos en la cartera para terminar la quincena. Eso es.