mar. Mar 3rd, 2026

Charlas de taberna

Marcos H. Valerio

Campeche, Tabasco, Ciudad de México, Yucatán… da igual la ciudad. El aire huele distinto cuando falta. José Trinidad Colula Gómez, médico cirujano de 64 años, lo sabe mejor que nadie. En marzo de 2021 el SARS-CoV-2 lo tumbó 20 días en cama con oxígeno a 8 litros por minuto. Pesaba 103 kilos; salió con 72. “Pensé que lo peor había pasado”, dice hoy con voz pausada, como quien mide cada palabra para no gastar oxígeno de más.

No pasó. Nueve meses después le quitaron el tanque. Dos meses más tarde, una tromboembolia pulmonar le explotó en el pecho. Diagnóstico: Fibrosis pulmonar intersticial de origen autoinmune, probablemente detonada por el virus. Secuela irreversible.

“Ya no corro, ya no subo cerros, ya no opero. Me jubilé por discapacidad… pero sigo vivo y dando consulta en mi casa. Aprendí que respirar es un lujo que no todos valoramos”.

Por su parte, el académico de la Facultad de Enfermería y Obstetricia de la UNAM y coordinador médico del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), José Omar Barreto Rodríguez, recibe todos los días historias como la de José Trinidad. 

“No todos los que tuvieron covid quedan con secuelas, pero los casos graves sí: neumonía organizada, bronquiectasias, bandas parenquimatosas, nódulos, atelectasias… palabras que antes eran raras y hoy son el pan de cada día en consultorio”.

José Trinidad cierra la entrevista con una frase que resume todo: “El covid me quitó aire, pero me dio claridad. Ahora vivo más despacio, abrazo más fuerte, y cada mañana agradezco poder respirar aunque sea la mitad”.

Barreto remata: “La mejor rehabilitación es la prevención. Cubrebocas en aglomeraciones, vacuna anual, ejercicio, buena comida. Porque el pulmón no perdona dos veces”.

En México, miles siguen respirando con menos aire del que tenían en 2019. No aparecen en estadísticas de muertes, pero sí en las colas silenciosas de oxígeno domiciliario y consultorios de rehabilitación. Son los sobrevivientes invisibles de una guerra que creímos ganada.

Y mientras el virus muta y amenaza regresar, ellos nos recuerdan con cada jadeo: el aire que damos por sentado es el lujo más frágil que tenemos.

PULMÓN QUE NO OLVIDA  

En el pico de la pandemia, México vio colapsar sus hospitales. Hoy, cinco años después, los sobrevivientes llenan las salas de rehabilitación pulmonar. Barreto lo resume en tres niveles:

– Leve: catarro que se fue solo.  

– Moderado: neumonía que dejó tos tres meses.  

– Grave: intubación, UCI, y pulmones que parecen vidrio esmerilado en la tomografía.

Los últimos son los que vuelven –o intentan volver– a la vida con menos aire. “Muchos siguen con oxígeno domiciliario, otros con fatiga que les impide caminar 50 metros sin jadear. Y hay quienes desarrollan hipertensión pulmonar o embolias que los matan años después del alta”, explica el especialista.

PANDEMIA QUE DESTAPÓ CÁNCERES  

Paradoja cruel: el covid salvó vidas al descubrir males ocultos. “A cientos les encontramos fibrosis idiopática, EPOC avanzada o tumores que nunca hubieran sospechado. 

La tomografía de tórax que se hizo masiva detectó cáncer en etapa temprana. Algunos se curaron del covid… y se salvaron del cáncer gracias al virus”, cuenta Barreto con una media sonrisa amarga.

SEÑALES QUE NO HAY QUE IGNORAR  

El experto enumera las alertas rojas que ningún excovid debería minimizar:

– Tos que dura más de ocho semanas.  

– Falta de aire al vestirse, comer o hablar.  

– Desaturación en caminata de seis minutos.  

– Cansancio que no explica.

REHABILITACIÓN: NUEVO OXÍGENO  

En el INER, el equipo interdisciplinario es obligatorio: Neumólogo, cardiólogo, nutriólogo, psicólogo, rehabilitador. 

“Un pulmón dañado arrastra al corazón, al cerebro, al estado de ánimo. No basta con dar inhaladores; hay que reconstruir personas”, insiste Barreto.

Y funciona. Pacientes que llegaban en silla de ruedas hoy caminan 500 metros. Otros que pesaban 45 kilos recuperan músculo. “La rehabilitación cardiorrespiratoria devuelve hasta 70 % de capacidad funcional. No cura la cicatriz, pero enseña a vivir con ella”.

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