Una noche mientras oraba pidiendo que el Señor nos limpie de toda maldad con su agua viva, y a la mañana siguiente mientras el Señor nos daba de su agua gratuitamente, cerré mis ojos y vi muchos gusanos de la carne.
Yo seguía orando para que su agua limpiara todos esos gusanos y podredumbre y hasta había una culebra en medio de ellos.
Veía caras y personas con gusanos y ante la multitud escabrosa, le pedía al Señor fuego. Que su Espíritu consumiera todo eso, que quemara en su altar la corrupción espiritual que nos inunda y descansé en ello.
Veía ahora gusanos diferentes, ya no eran de la carne sino de tierra y meditando en ello, el Señor hablaba a mi corazón recordándome la diferencia.
Porque la creación gime porque la carne se corrompe, pero anhela que sean manifestados aquellos que son transformados en hijos de Dios.
En lo profundo, en el aparente desorden, en la confusión y lo desagradable, el Espíritu de Dios se está moviendo, esperando que alguien pida que sea la Luz para que Él todo lo transforme para bien, de algo corrupto a algo incorruptible.
Es necesario que nuestra carne y sus deseos caigan a tierra, como el grano de trigo, y mueran, para que sean transformados y vuelvan a dar vida.
Que dejemos morir la vida de pecado y resucitemos a una nueva vida.
No te asustes cuando al orar, Dios te muestre algo desagradable.
Clama al Señor que sea la Luz y puedas ver cómo, con Su presencia, todo lo transforma para bien.
Dios quiere limpiar corazones, pero es necesario entregarlos para pasar de muerte a vida.
Juan 12:24-26
¿Cree esto? Hable con Dios, lea la Biblia y descúbralo. Solo la Verdad nos hará verdaderamente libres.
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