Gerson Gómez
Convertir a Cuba en un escenario similar al de Gaza tras una hipotética invasión, bajo la estética de hoteles de gran formato, plantea una distopía donde el urbanismo se convierte en un arma de despojo. Esta visión crítica se fundamenta en los siguientes puntos:
El modelo de “Urbanismo de Exclusión”
Al igual que en Gaza, donde la infraestructura civil ha sido devastada, la transformación de Cuba tras una invasión implicaría borrar la memoria histórica de barrios emblemáticos como Miramar para imponer rascacielos genéricos.
Gentrificación sobre Escombros
La construcción de hoteles de lujo sobre territorios en conflicto busca “normalizar” la ocupación mediante el capital. Ejemplos recientes en La Habana, como la Torre K-23 (el hotel más alto de la isla), ya son criticados por erigirse en medio de una crisis social profunda.
Mientras en Gaza se destruye para desplazar, en esta distopía cubana se “invadiría” para edificar complejos que funcionen como burbujas de primer mundo frente a una población empobrecida.
El histórico Ataque al Hotel Nacional en 1933 recuerda que los hoteles en la isla siempre han sido nodos de tensión política y militar.
El riesgo de este modelo es la creación de enclaves turísticos militarizados. Si Cuba siguiera el destino trágico de Gaza, los grandes hoteles no serían centros de hospitalidad, sino estructuras de vigilancia y control social, similares a los hoteles que albergan periodistas en zonas de guerra y terminan siendo blancos estratégicos.
El futuro de la isla no debe ser el de una “maqueta de lujo” impuesta por la fuerza, sino un desarrollo que respete su soberanía y la integridad de su tejido social, evitando que el turismo se convierta en la nueva cara de la ocupación.