mar. Feb 17th, 2026

Raúl Guajardo Cantú

En un reciente post subido a su cuenta de X, el gobernador del estado, Samuel García, presumió que, haciendo equipo con Google, presentaría un esquema de educación basado en Inteligencia Artificial, IA, lo cual, dijo, sería punta de lanza en la educación a nivel nacional.

Viendo detenidamente el video que acompaña al post, nos damos cuenta de que en realidad no se trata de un uso de IA para mejorar el proceso educativo, sino para retroalimentar al estudiante en su aprendizaje, reforzando aquellos puntos en los cuales el alumno presenta algunas fallas y, en otro momento ayudando al maestro en la tarea de elaboración y calificación de exámenes, lo cual no es poca cosa.

Claramente el gobernador entiende que para la aplicación de esta tecnología en las aulas se requiere una infraestructura básica y, principalmente, la capacitación de los maestros para el uso del auxiliar de Google llamado “Gemini”, sin estos dos elementos difícilmente se puede llevar a cabo un avance significativo, de ahí que Samuel subraye que iniciará con 50 escuelas secundarias y que espera el apoyo de la iniciativa privada para alcanzar, según señala, un objetivo mínimo de 500, para formar los técnicos que se requieren en el estado.

Todo aparentemente bien, salvo por algunos detalles que quizá el gobernador debería tomar en cuenta consultando a pedagogos que han analizado este fenómeno y que, señalan, antes de avanzar en este sentido, en el uso de la IA se debe crear una base sólida en el conocimiento de los alumnos, base sobre la cual se construya todo un andamiaje que le permita a la persona adaptarse rápidamente a los cambios que se presentan en la tecnología.

El problema consiste en que ese andamiaje no es tan vendible desde el punto de vista político o mercadológico como sí lo es el uso de IA, aunque no haya un proyecto que englobe lo que la tecnología puede aportar y que permita que se alcance lo que se conoce como pensamiento crítico y la capacidad de aprender a aprender, un objetivo largamente acariciado por la pedagogía pero que hoy parece al alcance de la mano gracias a las condiciones tecnológicas existentes.

No está mal la idea del gobernador, pero tal y como la presenta nos parece que es más efectista que efectiva, que busca de alguna forma sustituir partes esenciales del trabajo magisterial por una tecnología cuya vida no sabemos que tan larga puede ser y, lo más importante, qué tan buena resulte para la formación de los jóvenes y niños de hoy con la mira puesta en el futuro.

Ojalá que el gobernador y sus asesores del ramo entiendan que se requiere, primero, generar ciertas habilidades y que los alumnos adquieran algunos saberes básicos, y no descansar la educación en una IA que sí, apoya por ahora a los estudiantes, pero al mismo tiempo los hace dependientes de una tecnología con la que en algún momento pueden competir por puestos de trabajo.

Hay estudios, locales entre ellos, que nos hablan acerca de lo que se requiere para formar las habilidades y destrezas básicas, necesarias para alcanzar el pensamiento crítico y la capacidad de aprender a aprender. Quizá deberían consultarlos antes de iniciar esta aventura.

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