jue. Feb 19th, 2026

El Antiguo Testamentogriego termina con maldición y silencio. Esta maldición no corresponde al deseo de Dios de destruir su máxima creación: la humanidad; sino a la consecuencia de un progresivo alejamiento del corazón de los padres y de los hijos que hiere la Tierra, hasta que Jesucristo se hace hombre y viene al mundo a restaurar las relaciones rotas, entre padres e hijos, pero sobre todo entre los hijos y el Padre.

La maldición no es cuando Dios condena, sino cuando nos entrega las consecuencias de las decisiones que tomamos apartados de Él.

Como cuando el médico nos advierte sobre evitar el consumo de ciertas sustancias porque nos provocarán dolor, enfermedad y finalmente la muerte.

O cuando el juez nos da la sentencia del delito que cometimos.

No es “su gusto” condenarnos, sino indicarnos el resultado de nuestras acciones, voluntaria o involuntariamente.

Con las bendiciones sucede lo mismo: son el resultado de las decisiones que tomamos obedeciendo a Dios, reconciliándonos con el Padre, por gusto o por la fuerza.

¿Quiere conocer las bendiciones y las maldiciones que Dios nos advierte para elegir sabiamente cómo debemos vivir? Solo le recuerdo que así como la ley, ignorarla no hace que no exista, y aunque aún no hayamos visto las consecuencias, no quiere decir que no las habrá.

Dios amó tanto al mundo que envió a su Hijo para que todo el que creyera en Él no se perdiera, sino que tuviera vida eterna.

Muchas maldiciones nos han alcanzado por las relaciones rotas, por dejar de obedecer las reglas, por no conocer las leyes. Busque a Jesucristo, obedézcalo y verá como todo volverá a tener sentido y habrá resultados distintos.

Lee Deuteronomio 28.

¿Cree esto? Hable con Dios, lea la Biblia y descúbralo. Solo la Verdad nos hará verdaderamente libres.

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Por Admin

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