
Charlas de taberna
Marcos H. Valerio
En un país donde el béisbol es pasión nacional, Sordos México escribe su propia historia: Hay un equipo mixto de béisbol integrado por personas con discapacidad auditiva, hombres y mujeres que compiten, entrenan y sueñan en silencio, pero con un estruendo que resuena más allá de los diamantes.
El proyecto nació como una apuesta por la inclusión y hoy representa a México en el escenario mundial. En febrero de 2024 viajaron a Taipéi para disputar la Primera Copa Mundial de Béisbol para Sordos, dejando huella como representantes oficiales del país. Ahora, la invitación oficial ya está sobre la mesa: en noviembre de 2026 participarán en la Segunda Copa Mundial en Japón.
“Es un gran paso para la inclusión en el deporte mexicano y para la comunidad sorda”, explica Andrea Vélez, directora de la Fundación Olmeca Hoy, principal impulsora del equipo. El objetivo inmediato es claro: expandir el proyecto a más estados, captar jóvenes sordos en todo el país, generar torneos nacionales y formar selectivos competitivos que lleven la bandera tricolor a futuros mundiales.
La preparación rumbo a Tokio avanza en varios frentes. En la Ciudad de México y zona metropolitana, los jugadores se integran a la Liga Olmeca —la primera liga inclusiva del país—. Los integrantes foráneos entrenan y juegan en sus localidades junto a familiares y amigos oyentes. El representativo nacional ha sostenido juegos de práctica contra equipos de oyentes en Veracruz, Tlaxcala y Oaxaca, donde la Academia Guerreros de Oaxaca les abrió sus puertas para sesiones intensas.

El sueño a largo plazo es ambicioso: Convertir a México en el primer país del continente en ser sede de una Copa Mundial de Béisbol para Sordos. Paralelamente, ya se trabaja en la formación del equipo de softbol femenil Sordas México, que inició entrenamientos en la Liga Olmeca.
Sin embargo, el camino no ha sido fácil. El equipo no cuenta con apoyos monetarios de gobierno ni de grandes patrocinadores. Cada viaje, concentración y uniforme se ha financiado con rifas, venta de productos, colectas y donativos de personas convencidas del proyecto.
Como donataria autorizada, reciben aportaciones deducibles de impuestos, pero siguen buscando fuentes de ingresos para volverse autosuficientes.

CASO SENSIBLE
En el pequeño pueblo pesquero de El Rosario, Baja California Sur, Sayra Peralta Valladolid aprendió desde niña que el silencio no es vacío. Sorda de nacimiento, a los ocho años encontró en el béisbol su voz. Hoy, con 22 años, es la pitcher estelar de los Osos Naranja y una de las figuras del equipo nacional.
“En el cuadro hay mujeres, pero como pitcher soy una rareza”, cuenta con una sonrisa que no necesita sonido para transmitir orgullo. En Taipéi 2024, su brazo derecho dejó mudos de admiración a los aficionados asiáticos, donde el béisbol tiene décadas de tradición. En México, su impacto es igual de profundo: durante un curso de verano en Oaxaca, los Guerreros detuvieron sus actividades para que los niños vieran a Sayra lanzar.

“El béisbol me dio voz”, resume Sayra sin pronunciar palabra. Su historia es la de todo Sordos México: un equipo que no solo juega, sino que demuestra que el talento no escucha barreras, que el esfuerzo trasciende el sonido y que la inclusión no es un favor, sino un derecho que se gana en cada inning.
Mientras preparan maletas para Japón, el equipo sigue buscando aliados, donativos y espacios. Porque cada strike de Sayra, cada robo de base, cada abrazo en el diamante, es también un mensaje claro: en el silencio se puede gritar muy fuerte. Y México ya empieza a escuchar.