En periodismo hay un pequeño ejercicio práctico que te ayuda a mantener en tu mente los temas vigentes, y es preparar tus ideas para entrevistar a cualquier personaje que te pudiera encontrar en la calle.
¿Si te encontraras a un artista, un político, un personaje cultural, qué le preguntarías? Porque seguramente intentarías llamar su atención, pero si además sabes que tiene el poder para ayudarte en una necesidad, seguro que intentarías que te viera y escuchara.
Ahora déjame aplicar este ejercicio al hombre más famoso de todas las eras, el que dividió el tiempo en un antes de Él y después de Él: Jesucristo.
Si lo vieras cerca de ti, pasando por aquí, ¿qué harías? ¿te esconderías avergonzado o te atreverías a buscarlo? ¿Le espetarías con reclamos o le pedirías con humildad que te ayudara?
Todo el que tiene fe sabe que Dios está en todas partes, pero sólo se manifiesta entre aquellos que le buscan verdaderamente. Jesús está pasando por aquí, ¿lo oyes? Sus discípulos están aquí, ¿los conoces? Puedes distinguirlos porque viven diferente, algunos hablan como tú y como yo, pero hay algo distinto en su mirada y en su forma de ser ¿los puedes ver?
Hubo un ciego llamado Bartimeo que oyó, reaccionó, gritó y entre más lo callaban, más intentaba llamar la atención de Jesús, y cuando Él lo mandó llamar, se levantó, dejó todo atrás y fue a alcanzarlo. Jesús lo confrontó y Bartimeo con toda honestidad reconoció su necesidad e hizo su petición, entonces cuando Jesús se lo concedió, no lo perdió de vista, sino que lo siguió.
¿Quieres recuperar lo perdido? ¿Quieres recuperar la vista porque has estado ciego a tantas cosas? Hoy es el día. No te avergüences, clama a Dios y cuando te conceda tu petición, ¡no te apartes de Él jamás!
Al oír que el que venía era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: —¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí! Muchos lo reprendían para que se callara, pero él se puso a gritar aún más fuerte: —¡Hijo de David, ten compasión de mí!
Jesús se detuvo y dijo: —Llámenlo. Así que llamaron al ciego. —¡Ánimo! —le dijeron—. ¡Levántate! Te llama. Él, arrojando la capa, dio un salto y se acercó a Jesús.
—¿Qué quieres que haga por ti? —le preguntó. —Raboni, quiero ver —respondió el ciego. —Puedes irte —dijo Jesús—, tu fe te ha sanado.
Al instante recobró la vista y comenzó a seguir a Jesús por el camino.
Marcos 10:46-52 NVI
¿Cree esto? Hable con Dios, lea la Biblia y descúbralo. Solo la Verdad nos hará verdaderamente libres.
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