Uno de estos días de lluvias atípicas en nuestra ella ciudad, salimos 15 minutos tarde. La lluvia y el tráfico nos esperaban al salir de casa.
7 kilómetros antes del cuello de botella habitual en la carretera nacional nos encontramos con 4 carriles saturados. Seguramente es causa de un choque, pensé.
Señor, ¡ábrenos camino para que lleguemos a tiempo! -clamé para mis adentros.
“Pedís mal…” me redarguyó el Espíritu Santo, quien de inmediato nos recuerda el pecado, la justicia y el juicio.
“Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites”. Santiago 4:3
Perdóname Señor -reaccioné-, sé que nosotros salimos tarde, hágase Tu voluntad y no la mía.
El sonido de una sirena me puso alerta y una patrulla motorizada nos rebasó por el lado izquierdo.
Las filas de autos empezaron a moverse despacio pero con fluidez. ¡Llegó la caballería!
Ya habrán quitado los coches -pensé, para que el flujo esté tan continuo.
No.
El carril seguía obstruido pero todos en su autos circulaban ordenadamente, sacándole la vuelta, uno y uno.
Quien crea que la autoridad no sirve para nada, pruebe y vea, cuando Dios habla TODO SE ORDENA.
Afiné mi oído y escuché a Marco Barrientos cantar: Incomparable Dios…
entonces yo continué: mi alma testificará, alzaré mi voz, nadie me amó como tú.
Está de más decirte que llegamos a tiempo, y con una gran sonrisa en la cara.
Sí, me preguntará que ¿en qué ciudad vivo?, en la misma que está colapsada en el tráfico porque está creciendo bestialmente, pero ahí, donde abunda la necesidad, también abunda la gracia, para el que se la pide al Creador del Universo. Prueba y verás!
¿Crees esto? Habla con Dios, lee la Biblia y descúbrelo. Solo la Verdad nos hará verdaderamente libres.
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